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17 de junio de 2024
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Espectáculos

Wim Wenders, el enviado especial de Japón para ganar el Oscar


Wim Wenders no lo puede creer, pero sí, está contento con la nominación al Oscar a la mejor película internacional de Días perfectos, la película que envió Japón a competir en el rubro donde el año pasado lo hizo Argentina, 1985.

El director alemán ya contará en esta entrevista con Clarín, exclusiva para la Argentina, cómo fue que el comité decidió mandarla en vez de a algún otro filme nipón.

Días perfectos se estrena el jueves 8 de febrero en la Argentina, tras tener su première mundial en el Festival de Cannes el año pasado. Allí, su actor protagónico,Kôji Yakusho, obtuvo el premio al mejor intérprete masculino.

Lo hizo por interpretar a un hombre de mediana edad, introvertido, que se dedica a limpiar los baños públicos en Tokio. El filme lo sigue a él, y gran parte de la película muestra a Hirayama realizando su trabajo meticulosamente, a veces acompañado por su joven asistente Takashi (Tokio Emoto) y escuchando casetes de música pop mientras conduce su camioneta.

Wim Wenders. ganador de Cannes y uno de los directores más reconocidos del mundo. Foto EFE Wim Wenders. ganador de Cannes y uno de los directores más reconocidos del mundo. Foto EFE

Lo que sigue son fragmentos de la extensa entrevista que mantuvimos con el director de París, Texas, Las alas del deseo y El temor del arquero ante el tiro penal.

-¿Cómo comenzó tu fascinación por «la cultura del baño» en Japón? ¿Y por qué lo consideraste un gran telón de fondo para una película? Porque es muy inusual…

-Es inusual. Y comenzó como una encantadora invitación para viajar a Japón, y mirar. Nunca pensé en mi vida que viajaría a algún lugar para mirar un baño. Pero estos baños eran especiales, porque fueron construidos por 15 grandes arquitectos. Incluso era amigo de dos de ellos, y además construyeron bancos y estadios, y ahora construyeron la unidad más pequeña, un baño público. Y me gustaba la idea.

Entonces, dije, “voy a venir tan rápido como se abra la cuarentena”. Y me dijeron “si te inspira, podríamos pensar en hacerlo. Una serie de pequeños reportajes sobre el arquitecto y su baño y cómo son recibidos en Japón”.

Kôji Yakusho, en una escena de la candidata al Oscar a mejor película internacional, "Días perfectos". FOTOS: MUBI / MACOKôji Yakusho, en una escena de la candidata al Oscar a mejor película internacional, «Días perfectos». FOTOS: MUBI / MACO

Entonces me gustó la idea. Fui allí. Me encantan los baños, pensé que eran tremendos. Pero a la hora de hacer reportajes a los arquitectos por sus creaciones, me di cuenta de que realmente podría hacer algo más urgente. Y más completo y más complejo. Como me habían invitado a inspirarme, mi inspiración sería contar una historia, en la que estos baños son el fondo, y la figura clave es alguien que se ocupa de estos baños. Y de esta manera se podrían ver los baños, pero sería una historia real. Como quedarse atrapado en un contexto, en un contexto emocional.

Si decidís hacer un documental sobre los arquitectos y sus creaciones, no hay, no habrá ninguna gran emoción. Pero dejame contarte una historia y será mucho mejor. Y aunque pensé que me estaba disuadiendo de un buen trabajo, les gustó mi idea. Y antes de que nos diéramos cuenta, dijeron «Bueno, hagámoslo. ¿Pero qué necesitamos?» Dije «Necesitamos un buen guion y necesitamos un gran actor». Y ése fue el comienzo de la producción.

Wim Wenders Integró junto a Werner Herzog, Volker Schlöndorff y Rainer Fassbinder algo así como el padrinazgo del llamado nuevo cine alemán.

El actor japonés Kôji Yakusho, junto a Wenders en la presentación de la película en Cannes 2023. Foto AFPEl actor japonés Kôji Yakusho, junto a Wenders en la presentación de la película en Cannes 2023. Foto AFP

-Esto puede parecer una locura, pero al ver «Días perfectos», no pude evitar pensar sobre la espiritualidad y sobre tu filme “Las alas del deseo”. ¿Creés que hay convergencias entre estas dos películas? Como un ángel invisible que hace el bien a los demás…

-Bueno, no se me pasó por la cabeza cuando estábamos haciendo la película, pero cuanto más nos adentrábamos en el rodaje, más me daba cuenta. Kôji Yakusho era realmente un hombre extraordinario. Y como no hablaba tanto, me di cuenta de lo importantes que eran sus ojos. Y al final, de eso se trata: que él nos lleve a su mundo y que empecemos a ver lo que él está viendo. Y empezamos a pensar y escuchar música con él. Poco a poco vamos entrando en la visión de distintas áreas de su vida.

Y eso, por supuesto, es muy parecido al arca y los dos ángeles de Las alas del deseo. Y es que veíamos el mundo a través de la mirada amorosa de los ángeles, y en este caso vemos Tokio a través de la mirada amorosa de este hombre. Y sus ojos son realmente su principal herramienta. No habla mucho, pero ve mucho. Entonces, ésa es mi comparación. Y tal vez en lugar de los ángeles, se parezca un poco más a Peter Falk, porque a Peter también le encantaban las cosas sencillas y le encantaba la tomar una taza de café.

"'Días perfectos' tiene similitudes con 'Las alas del deseo', le dijo Wenders a Clarín. Foto AFP«‘Días perfectos’ tiene similitudes con ‘Las alas del deseo’, le dijo Wenders a Clarín. Foto AFP

-¿Estás de acuerdo conmigo en que te inspiraste en el espíritu de Yasujiro Ozu para contar la historia de este limpiador de baños en particular en Tokio?

-Sí, nos basamos en Ozu y no tanto en la forma en que hacía sus películas, sino mucho más en la dimensión espiritual y mucho más también en el espíritu de sus películas. Y aquí Hirayama es en gran medida un personaje en el espíritu de todos esos personajes. Y, francamente, se llama Hirayama porque en Historias de Tokio (la película que Ozu rodó en 1953, diez años de antes de su muerte) el personaje se llama Hirayama, lo mismo que en su última película, Una tarde de otoño, que hizo con el mismo actor. Ozu hizo que su actor favorito llevara ese nombre dos veces. Así que fuimos a Japón en honor a Ozu.

Y por supuesto, esto es sesenta años después de su muerte. Y fue esta búsqueda continua sobre el cambio de Japón, y 80 años después de Historias de Tokio nuevamente emprendimos una búsqueda sobre qué ha cambiado en la ciudad. Y es que esta película la hicimos justo después de la pandemia, que tuvo un impacto que en ningún otro lugar se registró más que en Tokio, porque tuvo el bloqueo más largo de cualquier ciudad importante del mundo.

Kôji Yakusho, como el hombre que limpia baños públicos en Tokio, y Arisa Nakano en "Días perfectos".Kôji Yakusho, como el hombre que limpia baños públicos en Tokio, y Arisa Nakano en «Días perfectos».

Y la forma en que la gente regresó después del cierre en Tokio fue realmente muy entrañable para mí, porque vi que en Europa sucedía lo contrario, especialmente en mi ciudad de Berlín. Vi que el confinamiento tuvo una gran víctima, que fue el sentido del bien común, y en Tokio fue todo lo contrario. Era casi como si la gente regresara para tomar posesión de la ciudad. Pero incluso con un mayor sentido de cuidado por lo que era común: los parques, los baños y la vida pública. Fue hermoso ver el respeto que tenían entre ellos y con su ciudad. Esa fue la razón por la que rechacé la idea inicial de hacer varios cortometrajes sobre los baños y los arquitectos, y sugerí que había algo más grande que hacer y una historia más grande que contar.

Tres veces candidato al Oscar

Wenders fue tres veces candidato al Oscar (por tres documentales, el primero, Buena Vista Social Club), ganó la Palma de Oro en Cannes con París, Texas y presidió varios Festivales de cine internacionales, hasta que, en la Mostra de Venecia de 2008, por discrepancias con las reglas de los premios, decidió nunca más participar de un Jurado.

-Volviendo a «Las alas del deseo», has dicho que «Días perfectos» es probablemente lo más cerca que has estado de transmitir paz a través de una película, junto a «Las alas del deseo». Y hoy vivimos en un momento en el que tenemos dos guerras importantes. ¿Seguís pensando que el cine puede cambiar la opinión de la gente sobre la paz y la violencia?

-Creo que el cine tiene el poder de cambiar nuestra percepción. No para cambiar el mundo, sino nuestra percepción del mundo. Aquí tenemos un hombre y su percepción de su trabajo. Y hay una sensación de autoestima, porque está haciendo un buen trabajo. No porque sea rico, o porque tenga mucho en lo material. Es un hombre muy libre con un gran sentido de autoestima. Y creo que las películas, si pueden cambiar algo, es la forma en que la gente ve el mundo.

"Días perfectos" trae de regreso a lo mejor del director de "París, Texas".«Días perfectos» trae de regreso a lo mejor del director de «París, Texas».

No sé cuánto se puede hacer con respecto a las guerras actuales y nunca he creído en películas explícitamente políticas, pero creo que la misión es empezar a ver el mundo con más tranquilidad y con más amor. Esa sería una gran misión para el cine y la forma en que Hiroyama y Días perfectos son recibidos ahora mismo en los países donde se proyecta, Italia, España, Alemania y Francia… Aman lo que ven en él. Me da una gran esperanza que la gente sepa que el cine todavía tiene ese poder de cambiar la percepción.

De Düseldorff y casado cinco veces

Nació en Düseldorff como Ernst Wilhelm Wenders, un 14 de agosto de 1945, el mismo día y el mismo año que Steve Martin. Se casó cinco veces, con una particularidad: con cada una de sus parejas trabajó, al menos en un filme que dirigió. Alto, mide 1,91 m., algo que se disimula en la pantalla de la computadora en el Zoom que mantuvo en exclusiva con Clarín de la Argentina.

Harry Dean Stanton en una escena de "París, Texas", con la que Wenders ganó la Palma de Oro en Cannes 1984.Harry Dean Stanton en una escena de «París, Texas», con la que Wenders ganó la Palma de Oro en Cannes 1984.

-Una pregunta muy sencilla. ¿Qué hace que un día sea perfecto para vos? ¿El cine está involucrado de manera perfecta en lo que considerás un día perfecto?

-En realidad, no. Hacer cine es un estado de felicidad, y siempre es un período corto en el que tenés una especie de conciencia muy elevada, porque desde la mañana hasta la noche estás en la película. Filmamos Días perfectos en un tiempo increíblemente corto de 17 días, y esos 17 días, en mi opinión, fueron solo un día y fueron una mayor conciencia de Tokio y del personaje general de Hiroyama. Hacer no es tan importante en mi vida diaria. Aprendí mucho, y traté de distraerme menos de otras cosas. Y trato de estar más definido por lo que realmente necesito y me gusta y lo que quiero hacer, y no por lo que las cosas me dan para hacer y lo que me dice mi teléfono móvil, lo que Internet quiere mostrarme.

Y veo cada vez más cuánto eso está relacionado con la felicidad o la satisfacción. Y hay toda una generación, que he visto primero en Nueva York, pero ahora también en Berlín y en otras ciudades, de jóvenes que compiten casi entre sí, que pueden llevarse bien con menos. ¿Podés meter todo lo que tenés en una maleta? Sólo entonces sos bueno. Y todas estas personas tienen una cosa en común. Son muy tranquilas y serenas, y tienen un buen sentido de autoestima. Y veo una enorme correlación entre las posiciones y las cosas que hacer y las cosas en tu mente y tu salud mental.

"Las alas del deseo" (1987), una de las mejores realizaciones de Wenders.«Las alas del deseo» (1987), una de las mejores realizaciones de Wenders.

-¿Qué sentís por representar a Japón en los Oscar con tu película? Y quiero saber qué importancia tienen para vos los Oscar.

-He estado allí un par de veces, de hecho tres veces con documentales. Y, por supuesto, entonces representé a Alemania. Siendo enviado por el comité japonés, sabiendo que en 2023 hubo bastantes películas japonesas realmente buenas, que eligieran Días perfectos con un director alemán, y que esto nunca hubiera sucedido antes, fue un shock para mí.

Pero luego me di cuenta, de que lo hicieron porque realmente se reconocen en este personaje. Y Koji Yakusho es realmente muy, muy querido en Japón. Entonces acepté que yo era Koji. Y como hicimos la película en el espíritu de Ozu pensé, bueno, es un honor representar a Japón. Y estaba muy orgulloso. Y si no lo ganamos tampoco es lo peor, porque el cine no se basa sólo en los Oscar.

Wim Wenders llega al Palis des festivals para proyección de "Días perfectos" junto al protagonista Kôji Yakusho. Foto EFEWim Wenders llega al Palis des festivals para proyección de «Días perfectos» junto al protagonista Kôji Yakusho. Foto EFE

-Esta es una película hecha de silencios. ¿Qué tan desafiante es mantener la atención del público durante dos horas con todo este silencio en el momento en que vemos películas cada vez más ruidosas y llenas de efectos y espectáculo? ¿Qué tan difícil es eso?

-Es muy difícil. Y cuando empezamos a editar, me preocupé mucho de eso, de que no pasara nada. Ni siquiera el protagonista habla durante los primeros 20 minutos. Simplemente existe su rutina y vamos a vivir en ella. Y luego mostré la película por primera vez a algunos amigos míos. Era un montaje preliminar y me sorprendí. Bueno, es una identidad muy convincente. Y son sus ojos los que te obligan a quedarte con él. Y cómo hace todo como si fuera la primera vez.

Y desde el principio, realmente vive el momento. Y sólo más tarde te dirá que ésta es, por así decirlo, su filosofía. Entonces me di cuenta de que me gustaba ser arrastrado a ese reino, y entonces tuve menos miedo al silencio, y tuve menos miedo a que no pasara nada porque me di cuenta de que podía despertar algo a las personas que lo veían.

Wim Wenders. El realizador alemán, nacido en Düsseldorff ha presentado más películas en Cannes que en Berlín. Foto AFP
Wim Wenders. El realizador alemán, nacido en Düsseldorff ha presentado más películas en Cannes que en Berlín. Foto AFP

Estudió medicina, filosofía y sociología antes de dedicarse al cine. Es presidente de la European Academy of Film.

-Hay gente que hace cine con compromiso ético y estético. ¿Cuál es tu opinión sobre el presente del cine europeo?

-Creo que hay muchas personas excelentes trabajando en todo el mundo. Gente joven. El hambre por el cine basado en la realidad está por todas partes. Y se ve en el éxito que tiene en este momento ese gusto. No sólo las películas de acción atraen a la gente a los cines, sino también las que te piden respuestas. Preguntas realmente importantes. ¿Cómo debemos vivir? Y la gramática da sus propias respuestas a esa pregunta, ¿cómo debemos vivir?

Y sigue siendo una cuestión vital en el cine, y sigo pensando que hay muchos cineastas que están dispuestos a responder esa pregunta. Y sobre todo ahora después de la pandemia, donde sentí todo el tiempo “después haremos otras películas y tendremos que definir cómo queremos vivir”. Y bueno, entonces esto realmente no pasó, y la vida no pareció cambiar tanto. Y me decepcionó mucho que casi no pareciera tener consecuencias. Pero ahora los veo lentamente y veo que la gente anhela cambiar las cosas en sus vidas, pero también en el mundo.

"Nos guió el espíritu de Ozu", dice Wenders acerca del realizador nipón a quien admira.«Nos guió el espíritu de Ozu», dice Wenders acerca del realizador nipón a quien admira.

-¿Cómo ha cambiado Tokio desde que fuiste a rodar, hace casi 40 años, «Tokio-Ga»?

-Bueno, yo era un hombre joven. Lo fui. Ahora tengo 78 años y eso fue hace 40 años, era casi más de la mitad más joven que ahora. Y yo no conocía tan bien Tokio. Éramos dos personas. Mi camarógrafo, Ed Lachman, y yo, tras las huellas de Ozu. Sin un plan y sin una forma real de entrar a Tokio y a Japón. Luego descubrimos, con la ayuda de algunos ángeles benévolos, que eventualmente estábamos conectados con este camarógrafo. Y finalmente lo logramos, haciendo una película sobre el espíritu de Ozu.

Pero nos tomó un tiempo y solo fue buscar, cavar… Y eso fue 20 años después de la muerte de Ozu, y la ciudad apenas estaba despertando. Gran parte del viejo Tokio todavía estaba vivo. Y ninguno de los rascacielos estaba allí, y la ciudad todavía estaba como dormida. Y desde finales de los ‘80 hasta los ‘90, se convirtió en ciencia ficción y en la capital mundial de la tecnología, de los dispositivos. Así que la visión de futuro se convirtió en un modelo para otras ciudades. Y luego, por supuesto, primero tuvimos una gran caída en el siglo XXI y luego nos recuperamos lentamente. Y hay una recuperación económica. Todavía siento que hay una sensación intensificada de unión y solidaridad social.

Y, por supuesto, Tokio no tiene ningún problema con la violencia. Y podés dejar tu bicicleta desbloqueada y no tenés que cerrar la puerta con llave cuando salís de casa. Y tu esposa puede salir a caminar en medio de la noche. Y no hay que temer por ella, todo será agradable. Pero, por supuesto, Tokio tiene otras señales: la gente trabaja demasiado y mucha gente se siente demasiado sola. Y probablemente sea la única ciudad del mundo, el único país con un ministerio para la soledad. Entonces tiene sus inconvenientes. Pero creo que también es un gran ejemplo de cómo vivir y seguir existiendo como entidad social. Y el sentido del bien común todavía está muy, muy presente y, al menos para mí, es edificante.

Junto a su pareja, Donata Wenders. Es su quinta mujer. Foto ReutersJunto a su pareja, Donata Wenders. Es su quinta mujer. Foto Reuters

-Esta es una de tus dos películas estrenadas en Cannes el año pasado. No es poco, a los 78 años. ¿Sentís una sensación de urgencia por seguir contando las historias que aún llevás dentro?

-Realmente no busco las historias que tengo dentro de mí, busco las historias que encuentro y que se me presentan. Y mis temas, todos, casi todos, se unen por un sentido de lugar. Y por la urgencia de conectar el lugar. A una historia que sólo sucedería allí y en ningún otro lugar, y el personaje saldría de la ecuación de lugar e historia, y eso luego formaría el personaje.

Supe que podía contar una historia que sólo pasaría allí, y que estaba sumamente interesado en conocer mejor el lugar. Tokio es uno de mis lugares favoritos, y fue genial volver después de más de diez años y verlo nuevamente. Entonces. Y con Anselm, la otra película que estrenó el año pasado, era exactamente lo mismo. Conocía a Anselm Kiefer desde hacía mucho tiempo, y es un artista increíble, pero no fue hasta que vi su paisaje artístico territorialmente en el sur de Francia que me di cuenta de que era una película que podía manejar.



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