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Mendoza
14 de junio de 2024
FM Del Condado
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Policiales

un típico barrio del Oeste donde vivir entre tiros, robos y pánico se volvió costumbre


Castelar, en el oeste del partido de Morón, es una localidad que alterna casas típicas de clase media y otras casas más pitucas, diseñadas no ya por los propios vecinos, sino por arquitectos. Lo que emparenta a todas es que tienen rejas que las separan de las veredas, que cuidan sus ventanas, sus puertas, casi cada uno de sus rincones.

Era un barrio tranquilo. Pero la inseguridad hace que los vecinos se cuiden cada vez más, sobre todo a la noche, pero también para hacer compras o llevar a los niños a algún club a hacer deporte. La noche del jueves mataron a María Lucrecia Arias (51) cuando la abordaron para robarle su auto. La asesinaron de un tiro en el pecho frente a su hija de 17 años, en la vereda de su casa.

Verónica, que vive en Zabala y San Nicolás, a sólo 50 metros de la casa de Lucrecia, le cuenta a Clarín: “Ayer estábamos con mi marido mirando tele. Eran las once de la noche y oímos dos disparos. A los pocos segundos, ruidos de un auto acelerando. Luego, gritos: ´¡Mamá! ¡Mi mamá! ¡Le dieron un tiro!’”. Oyó la sirena de una ambulancia a los quince minutos, pero ya era tarde.

En la zona hay varias casas en venta. “¿Pero quién querría comprarse una casa aquí?”, pregunta Verónica. Luego, enumera los robos que en los últimos seis meses han sufrido vecinos suyos.

“Acá enfrente -señala desde el interior de su casa- le robaron la moto a un vecino, a punta de pistola, mientras estaba lavándola”. Y sigue: a otro, a dos cuadras, le robaron el auto, también a punta de pistola; a los compañeritos de kick boxing de su hijo llevan robándoles ya no sabe cuántos celulares. Perdió la cuenta, dice. Recuerda alguna entradera reciente, una más de las varias.

Un barrio de clase media donde vivir con miedo se volvió constumbre por la inseguridad. El jueves mataron a Lucrecia Arias para robarle el auto. Foto: Guillermo Rodríguez AdamiUn barrio de clase media donde vivir con miedo se volvió constumbre por la inseguridad. El jueves mataron a Lucrecia Arias para robarle el auto. Foto: Guillermo Rodríguez Adami

Ya no guarda el auto, dice. Se baja y entra tan rápido como puede. Se le ponen los ojos vidriosos mientras lo dice. “Estos robos son al voleo. Así como le pasó a María Lucrecia, pudo haberme pasado a mí, a cualquier otro vecino”.

Priscila, otra vecina, vive a sólo tres casas de distancia. La suya tiene un portón de chapa que no deja ver nada de su interior desde la calle. Estaba tratando de dormir a su bebé cuando también oyó dos disparos y gritos desgarradores, los de la hija de su vecina baleada. Prefirió no salir. Sólo cuando llegó el primer patrullero, a los quince minutos, pudo asomarse a la vereda y saber qué había pasado.

Ella también fue víctima de un robo hace más de seis meses. “Estaba caminando por la avenida Alem con mi mamá cuando se acercaron dos ladrones y me pusieron un arma en la cabeza para que les diera el celular que tenía en la mano”. Si no fuera por su mamá, quien le sacó el celular y se lo dio a los ladrones, dice, no quiere imaginarse qué pudo haberle pasado.

Los vecinos de Castelar pasan por la casa de Lucrecia Arias para intentar saber si se ha podido dar con los asesinos. Todos ellos tienen varios y distintos casos de asaltos para contar. Daniela se lamenta porque sus hijos ya no puedan jugar con sus vecinos. Camilo es policía de la Ciudad y vive a tres cuadras de allí. A él también quisieron asaltarlo hace menos de cuatro meses.

“Estaba bajando de mi auto para entrar en casa. Un auto negro se me cruzó y uno de los que estaba a bordo se bajó apuntándome. Cuando me identifiqué como policía y saqué mi arma reglamentaria, el ladrón bajó el arma y se subió al auto, que salió rapidísimo”, dice Camilo.

«Se fue sabía que habría un enfrentamiento y se la vio negra. No era bueno ni para él ni para mí. Pero los otros vecinos no corren la misma suerte, porque están indefensos en estos casos», dice ante la pregunta de Clarín.

Luego enumera que hubo una entradera en una en Mercedes al 1300 (a menos de diez cuadras), en octubre, con un delincuente muerto; un robo seguido de asesinato cerca del puente de San Pedro y Acceso Oeste, a cinco cuadras; otros robos menores, otros arrebatos.

Como hombre de una fuerza de seguridad razona que siempre se actúa varios pasos detrás de los delincuentes. “Faltan patrulleros y recursos humanos, los chalecos antibalas no están en óptimas condiciones; las armas reglamentarias son, por lo general, obsoletas”.

Mejorar esas condiciones, dice, requiere decisiones políticas. En el medio, afirma, los vecinos viven con miedo y, aún peor, con cierta paranoia. Piensa como un vecino: “Ponés rejas, cámaras, cercos electrificados. ¿Qué más podés hacer?”.

Claudia vive en Salcedo y Los Indios. En su cuadra hubo otra entradera en plena tarde del viernes pasado a las 7 de la tarde. A dos cuadras, a otro hombre le desvalijaron la casa. “No podés salir con la cartera, no podés salir tranquila a tomar el colectivo, no ves ningún patrullero”, declara.

Señala en dirección de la comisaría 7ma de Castelar Norte. Dice que allí saben lo mismo que ella y que todos los vecinos, y que es el principal problema: el barrio está rodeado de accesos que usan los ladrones para escaparse. Están a apenas siete cuadras del Acceso Oeste y de la bajada de la avenida Santa Rosa. O de la calle San Pedro, por donde se escapan hacia el lado de la Ruta Provincial 4.

Para Claudia, un pequeño paliativo podría ser poner cámaras de seguridad privadas, ya que, según declara, el municipio no instala las que los vecinos requieren. Por caso, en la cuadra de la casa de Lucrecia Arias hay sólo una cámara, instalada por un vecino, pero no está operativa.

Maestría Clarín/Universidad de San Andrés



Fuente Oficial