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25 de junio de 2024
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Espectáculos

“Siempre hay que volver a empezar”


Arnaldo André, el galán paraguayo más argentino del mundo vive en Palermo en un departamento en el que entra el sol todo el año.

Disfruta cada día, las 16 horas en las que está despierto, y duerme a rajatabla las restantes ocho. Es parte de su fórmula para mantenerse joven a los 80 años. Los cumplió en noviembre.

Arnaldo André vive en Palermo y viaja dos veces por año a Paraguay, para visitar a familiares y amigos. Foto: Ariel GrinbergArnaldo André vive en Palermo y viaja dos veces por año a Paraguay, para visitar a familiares y amigos. Foto: Ariel Grinberg

Aprovechó el cambio de década para renovar un compromiso esencial consigo mismo: ser feliz hoy. Mañana es otro asunto.

Un seductor innato

Ama el empedrado porteño, tomarse un cafecito descafeinado en distintos bares leyendo “diarios de papel” como éste, ir al gimnasio y comprar en el supermercado de siempre, donde saluda tanto a conocidos como a desconocidos.

Si sonríe, hipnotiza como en las enésimas telenovelas que protagonizó en los años ‘60, ‘70 y ‘80. Es un seductor innato. Lo sabe y se sabe. Es Arnaldo André, un rey indiscutido del género.

Arnaldo André,  el galán paraguayo más argentino del mundo, siempre con desafíos nuevos que lo mantienen vital a los 80 años. Foto: Ariel Grinberg Arnaldo André, el galán paraguayo más argentino del mundo, siempre con desafíos nuevos que lo mantienen vital a los 80 años. Foto: Ariel Grinberg

En el plano visible de su reinado, su voz envolvente, sus besos apasionados y sus cachetazos ruidosos y secos -un “error”, admite- atravesaron la pantalla, fueron su marca registrada y lo llevaron a la cima de la ficción.

Sin embargo, su clave está en lo profundo, en lo que no se ve, en el hombre que fue consecuente con el deseo que tuvo en la adolescencia: actuar hasta el final.

Sentado en uno de sus tantos bares preferidos, André repasa su camino y no alcanza el tiempo. La enumeración de trabajos y éxitos es infinita, al igual que los agradecimientos a las y los que creyeron y confiaron en él, con el director Daniel Tinayre y su mujer, Mirtha Legrand nada menos, a la cabeza.

Arnaldo André con Marilina Ross en la legendaria telenovela "Piel naranja".Arnaldo André con Marilina Ross en la legendaria telenovela «Piel naranja».

En su historial, uno de los máximos autores de telenovelas argentinos, Alberto Migré también ocupa un lugar en el podio.

“Tinayre me abrió la puerta como actor profesional. Me dio la posibilidad de conectarme con el medio para que me conocieran y convocaran. Yo estaba haciendo una obra de teatro under en Belgrano y él no encontraba el galán para un proyecto. Augusto Ravé -adaptador de distintas obras- le insistió con que era yo la persona que buscaba y vino un domingo con Mirtha a verme».

«Al lunes siguiente -revive el momento- me estaba convocando para sumarme como coprotagonista con ella de la obra teatral 40 kilates en lo que ahora es la librería Gran Splendid. Hicimos dos temporadas exitosísimas”.

Disciplina y humor

De su lado, antes, durante y después de “la gran oportunidad”, puso todo. Exigente, responsable y organizado, se esforzó al ciento por ciento y el público se lo devolvió con creces, especialmente el argentino.

¿Sus claves? Mantener una línea de conducta con pasión y una alta dosis de humor. Levantarse y acostarse con proyectos. Estar en actividad permanente. Dice que allí radica gran parte de su estado de plenitud.

Arnaldo André. Foto: Ariel Grinberg Arnaldo André. Foto: Ariel Grinberg

“Cuando me levanto, siempre con el pie derecho como cábala, nunca me pregunto: ‘¿Y ahora qué hago?’ Mis proyectos empiezan con mis dos vasos de agua, mis frutas y mis dos tostadas. Me da placer el desayuno».

«Después -comparte el actor, también escritor y director de cine- sigo por un café en un bar solo o con amigos. A la tarde, me reúno con actores, productores y directores. En eso radica mi felicidad: en estar activo. En no quedarme mirando la televisión en mi casa”.

Argentina me dio todo”, agradece con el alma dividida entre su Palermo amado y sus raíces en San Bernardino, Paraguay.

Sus comienzos

Arnaldo Andrés Pacuá Zaracho -su nombre real- recuerda que pisó por primera vez Buenos Aires a los 5 años, pero que volvió para asentarse definitivamente a los 17 a estudiar teatro y trabajar para sostener a su familia. Su papá Justino murió a sus 11 años y él ocupó su lugar, poniéndose al hombro la ausencia.

Su mamá Fernanda -“un ejemplo de fuerza, tenacidad y firmeza”, destaca- y sus incondicionales hermanas Lina, Irma, Graciela y Mariné quedaron en Paraguay. Les prometió que el lazo no se cortaría nunca y así fue. Dos veces por año viaja a sus orígenes para reencontrarse con familiares, amigos y airearse con la naturaleza y los recuerdos.

“Desde los 12 años empecé a trabajar para sostener a mi familia. Fui cartero y trabajé en varias radios. En los ratos libres, iba al cine con un pase que me daban. Veía muchas películas. Me identificaba con esos personajes. Salía y yo era el protagonista caminando por la calle. Ahí me di cuenta que quería ser actor, que no iba a poder ser otra cosa. Ese fue mi punto de partida”, señala con su mirada clara perdida en el túnel tiempo, ahí donde su corazón latía.

La pasión cruzó la frontera, Daniel Tinayre le abrió la puerta y él fue subiendo peldaño a peldaño en una escalera que sigue en construcción. En cine participó de Los muchachos de mi barrio, Argentino hasta la muerte, Mi amigo Luis con Luis Sandrini.

Arnaldo André en "Amo y señor", una de las grandes telenovelas de los años '70 en la televisión argentina.Arnaldo André en «Amo y señor», una de las grandes telenovelas de los años ’70 en la televisión argentina.

Fue pilar en las novelas locales El amor tiene cara de mujer, Rolando Rivas taxista, Pobre diabla, Piel naranja, Soy gitano, Amo y señor, El Infiel y Amándote, entre otras.

Además, pisó fuerte en María del Mar, Penélope y Rosa de la Calle (en Venezuela) junto a Abrázame muy fuerte (en México). Nunca creyó en el éxito ni en los 40, 50 o hasta 60 puntos de rating que llegó a hacer. En 2010, ganó su primer Martín Fierro por su personaje como terrateniente en la telenovela Valientes, que lo llevó también al teatro.

Osvaldo Laport, Juan Darthes y Arnaldo André eran los actores protagonistas del programa de televisión "Soy gitano".Osvaldo Laport, Juan Darthes y Arnaldo André eran los actores protagonistas del programa de televisión «Soy gitano».

En 2012, dirigió Lectura según Justino, una película autobiográfica al igual que su libro Por lo que usted y yo sabemos, publicado en 2018.

“Cuando vine para la Argentina, mi idea era que mi familia pudiera acompañarme en Buenos Aires. Hubo propuestas a las que les dije que no, como hacer viajes o ir a otros lugares, por ellos. El amor de mis padres y de mis hermanas, lo sigo devolviendo con mi trabajo y mi presencia. Como el público, mi familia sigue siendo mi sostén”, recalca.

Y sin tomar aire, termina de sentenciar: “El éxito es efímero, no es eterno. El futuro no lo tenés comprado. Siempre hay que volver a empezar”.

Cachetazos y rating

Entre otros trabajos justamente tocados por la varita del éxito estuvo Amo y Señor con Luisa Kuliok, a la distancia una telenovela cuestionada por los cachetazos. “Siempre había un beso, un portazo o un cachetazo. En esa novela, al editor se le ocurrió hacer una seguidilla de cachetazos y el rating empezó a subir”, rememora.

Luisa Kuliok y Arnaldo André en "Amo y señor", donde abundaban los cachetazos, los besos y el alto rating.Luisa Kuliok y Arnaldo André en «Amo y señor», donde abundaban los cachetazos, los besos y el alto rating.

“Fue evidentemente un error. Lo importante es que de esos errores uno haya aprendido. Gracias a Dios en la ficción ya no hay más ese tipo de violencia. Sirvió para tomar como ejemplo de lo que no se debe hacer”, acepta hoy, cuarenta años después.

Y así como Kuliok fue la que más falsos golpes recibió -“el ruido lo hacía palmeando fuera de cámara”- es la actriz con la que tuvo más química para los besos. Paradojas de la ficción.

Hoy, André está más enfocado en el teatro que en la televisión. “Hice una gira durante un año con Paula Volpe por el interior del país, Paraguay y Uruguay con la obra El Enganche. Nos fue muy bien. La idea es retomarla en marzo”, adelanta.

También, enfatiza, se quedó con ganas de seguir dirigiendo cine. “Me gustaría hacer mi segunda película. Disfruté mucho con Lecturas según Justino. Mi sueño se interrumpió porque hubo cambios en la administración del INCAA. Vamos a ver qué pasa”, desliza.

Sonrisas y fe

Como a los 17 años, André afirma que su pasión artística está intacta. Con cualquier proyecto nuevo, se siente como aquel adolescente que vino al país con la ilusión de transformarse en lo que es hoy.

Arnaldo André sigue escribiendo las páginas de su diario vital. Su creatividad no se detiene. Foto: Ariel Grinberg Arnaldo André sigue escribiendo las páginas de su diario vital. Su creatividad no se detiene. Foto: Ariel Grinberg

Lejos de acorazarse cuando se tocan temas espinosos, el galán paraguayo más argentino del mundo admite que le rompieron el corazón muchas veces pero que el tiempo todo lo cura. Que quiso tener un hijo, pero que no se dio. Que le tiene miedo a la muerte, sobre todo a la de las personas que quiere. También a las enfermedades.

Frente a esos fantasmas, se cuida mucho. De día, además de sus rutinas alimentarias y físicas y el trabajo, necesita leer, comunicarse y tener pequeños gestos de solidaridad con la gente para retroalimentarse. A veces, asegura, es suficiente con sonreír.

“El público es muy cariñoso, demostrativo y memorioso”, se emociona. De noche, si queda alguna pregunta o problema dando vueltas en su cabeza, los pone bajo la almohada hasta el día siguiente. “Con el paso de las horas, pesan menos”, subraya convencido.

También remarca que lo guía la fe. “Tengo mucha paz espiritual. Creo mucho en Dios. Siento que está conmigo en los momentos de felicidad y de tristeza. La comunicación con él me permite saber dónde estoy posicionado y ocuparme de los demás”, comparte.

Amo y señor de su historia, Arnaldo André sigue escribiendo las páginas de su diario vital. Su creatividad no se detiene.

Hoy se entusiasma porque estamos en verano y en que pronto arranca una nueva temporada de desafíos a los que les pondrá su energía. Una energía tan poderosa como la de aquel pibe que en Paraguay repartía cartas y soñaba con volar.



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