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14 de junio de 2024
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Espectáculos

Raphael, el cantante que ganó un disco de Uranio, dice que él sabrá cuándo retirarse y que no quiere que lo clonen


Miguel Rafael Martos Sánchez, simplemente conocido como Raphael, volverá a la Argentina el 7 de marzo para presentar su “Victoria Tour” con un show en el Movistar Arena. O lo que equivale a decir, presentará seis décadas de grandes canciones en una cabalgata de tres horas.

El Ruiseñor de Linares sonríe desde allende los mares, y hasta el zoom se ilumina pese a la masa oceánica y la diferencia horaria que hay de por medio. Cuesta imaginar que este tío tiene ya 80 años cumplidos y que tendrá 81 al momento de su show en Buenos Aires (los cumple el 5 de marzo). ¿Pero es que los tendrá realmente?

-¿Seguís cada 5 de mayo diciendo que cumplís 23 años? Esa es una vieja costumbre tuya.

-No, ya no. Ya no hago eso. Ahora cumpliré veintiuno… Ahora cumplo años el uno de abril. Y éste voy a cumplir 21 años. ¿Cómo lo ves? Lo cuento desde mi trasplante, claro.

El primero de abril de 2003 y luego de una larga y angustiosa espera (los médicos se mostraban pesimistas), el cantante recibió un trasplante de hígado, a raíz de una cirrosis hepática que lo tenía al borde del knock out. Desde entonces dice él que ha comenzado su segunda vida. Y con justa razón.

-¿Que tu nueva gira se llame “Victoria Tour” tiene que ver con tu regreso a la vida?

-Tiene que ver con todo. Todo lo que me ha pasado tiene que ver con ese nombre. Victoria es mi victoria sobre la vida, no es como muchos piensan el nombre de una mujer. Es que mira, luego de ver la familia que tengo, los amigos que tengo, el público que tengo, los años que llevo en esto, la voz como está pues lo tenía que titular Victoria, sí o sí.

Raphael está llevando su Victoria Tour a todo el mundo. Dice que el nombre de la gira tiene que ver con su familia, sus amigos y su publico. Foto PrensaRaphael está llevando su Victoria Tour a todo el mundo. Dice que el nombre de la gira tiene que ver con su familia, sus amigos y su publico. Foto Prensa

-Estaba leyendo un reportaje donde decías que no vas a abandonar nunca los escenarios, que van a tener que sacarte con los pies para adelante…

-Hombre, tanto como eso no. Yo sabré darme cuenta cuando deba quedarme en casa y seguir con mi vida privada. Considero que mi vida está entregada al servicio de esta profesión y lo voy a cumplir hasta el final, pero siempre que esté bien de la voz como lo estoy ahora.

Una escapada a la Unión Soviética

Tres horas seguidas de show y sin tomar un solo vaso de agua no es para cualquiera. Para Raphael sí. Lo demostró por última vez en su anterior visita a la Argentina, con su show en el Luna Park, el 14 de mayo de 2022. Eso sí, no le pidan bises porque El Niño no la va con esas cosas. Cuando acaba, acaba.

Imaginen, por sólo citar un récord, que este hombre le ha dado la vuelta íntegra al planeta Tierra, cantando, una docena de veces…

-En todos estos años, más de sesenta de carrera, has compartido momentos con grandes figuras del jet set, estadistas, presidentes. ¿Quién te ha impactado más?

-He tenido la suerte de conocer a dos Papas, y sí, a casi todos los jefes de estado, reyes también. Pero lo que más me ha emocionado es conocer a mi público, que siempre sigue ahí año tras año. Es un milagro lo que está sucediendo conmigo ahora mismo. ¡Estoy cantando para cinco generaciones! Y esto me emociona tanto…

-Tanto que en aquella primera gira tuya por la entonces Unión Soviética, para ver a tu público ruso debiste salir medio a escondidas de la España de Franco. ¿Cómo lo lograste?

-Imagínate, estaba prohibido ir. Pero me hicieron pasar por París, ahí me dieron otro pasaporte y así entré. Yo hice como ocho giras por la URSS. A partir de la tercera película mía, Digan lo que digan, fue tal la conmoción que empezaron a llamarme de todos lados. Me presenté en San Petersburgo, que entonces era Leningrado, y estuve cuarenta días allí. Y también en Moscú.

Raphael y el afiche de promoción de su próximo show en Buenos Aires. Foto PrensaRaphael y el afiche de promoción de su próximo show en Buenos Aires. Foto Prensa

Corría el año 1971 y ningún artista europeo había podido traspasar la Cortina de Hierro. Ni siquiera Los Beatles, ni Los Rolling Stones. Pero la Ministra de Cultura de la URSS había visto la película y había quedado admirada con la personalidad de Raphael. La agencia EFE describía así aquellos recitales:

«Ante un numeroso auditorio que llenaba el Palacio de Deportes, hizo anoche su debut el español Raphael, muy popular en la URSS. Una mayoría femenina, y no solamente de adolescentes, aplaudió entusiasmada las canciones del recital. No queda una sola entrada para las restantes actuaciones y los revendedores ofrecen algunas a veinticinco rublos la butaca”.

-La película “Digan lo que digan” fue filmada en Argentina, ¿no?

-Claro, y tengo recuerdos maravillosos. Entre otras cosas porque además de Buenos Aires tuve el placer de rodar en Bariloche, que es un paraíso. Y además fue una canción de pegue sensacional.

-A pesar de que no eras actor se te notaba muy suelto en tus películas.

-Bueno, es que yo siempre he sido muy suelto en todo. No soy de esas personas que se echan pa’tras asustao. Hay un pequeño secreto, y es que yo en un escenario me siento como en casa.

Las estrellas que le faltó conocer

-Hubo dos grandes estrellas de la canción que estuviste a punto de conocer y no se dio. La primera fue Edith Piaf. ¿Qué pasó?

-Pues que se murió. Se puso enferma, era un recital para las fallas de Valencia (las fallas son las fiestas más famosas de España) en el mes de marzo y me contrataron para cantar en el mismo show. Y mandaron en su reemplazo a (la cantante y actriz) Juliette Gréco, otra gran estrella en esos momentos.

Al cabo de dos o tres años fui a debutar al Olympia de Paris y tuve la suerte de ver el mundo de Edith Piaf, su camerino, y era como si estuviera ella.

Raphael, en su visita de 2022 a la Argentina. Aquí hay devoción por el cantante. Foto: Fernando de la Orden
Raphael, en su visita de 2022 a la Argentina. Aquí hay devoción por el cantante. Foto: Fernando de la Orden

-La otra gran estrella fue Judy Garland.

-Sí, fue en Londres en 1969. Yo hacía ahí todos los años una temporada de un mes en un teatro, el Talk of the town, y siempre iban artistas muy importantes, como Frank Sinatra, Sammy David Jr., la misma Judy.

El tercer año me llaman del teatro y me preguntan si tenía el concierto preparado. Me extrañó, porque yo debutaba dos semanas después, pero me dijeron: “Pues debutas este lunes, porque acaba de morir Judy Garland”. No tuve ni tiempo de ensayar ni nada. Suerte que lo tenía preparado desde Madrid.

-También estuviste en “El Show de Ed Sullivan”, el programa más famoso de la televisión estadounidense.

-Bueno, lo de Ed Sullivan… fui dos veces a cantar allí. Es que la gente grande, y él lo era, siempre es grande para todo y te lo hacen pasar muy bien.

-Sin embargo no fuiste el primer cantante hispano en ir. Antes había estado Joselito, un niño prodigio español.

-Sí claro Joselito. Pero no me recuerdo de haberlo visto porque yo era pequeñito. Y luego de mi estuvo Rita Pavone, y antes Elvis Presley, Los Beatles.

-¿Y llegaste a conocer a Los Beatles o a Elvis?

-Sí. Solo a Los Beatles. Los conocí aquí en Madrid. Porque el mánager mío de entonces fue uno de los que los trajo (el 1 de julio de 1965, una visita histórica) y estuve en el Hotel Ritz con ellos y con su mánager. Muy simpáticos… y muy grandes.

Maratón. Los shows de Raphael no suelen bajar de las tres horas de duración. Foto: EFE/Javier CebolladaMaratón. Los shows de Raphael no suelen bajar de las tres horas de duración. Foto: EFE/Javier Cebollada

Calderón de la Barca y un descubrimiento

-Hay una anécdota tuya que dice que cuando chico habías ido a caballo a ver una obra de Calderón de la Barca, y que aquello te marcó para siempre.

-Sí, yo cantaba desde los cuatro años. Me metieron en ese colegio porque tenían un coro y yo buena voz, así que entré como voz solista. Hasta ahí mis sueños estaban puestos en la música. Pero una vuelta, andando a caballo por el pueblo, vi una compañía teatral. Estaban ofreciendo La vida es sueño, y prácticamente me caí del caballo.

Entonces decidí que no iba a ser yo de los que estaban viendo el espectáculo, sino que yo sería el espectáculo en sí mismo.

-Te voy a citar dos nombres: Marcel Vivancos y Rafael Granados…

-Dos amigos míos de la infancia. Jajaja. Esos nombres de fantasía me los ponía yo para cantar en las radios, de niño. Me lo sugerían los mismos presentadores. Se cantaba por teléfono, con lo cual no te veían la cara. Entonces yo me presentaba y les gustaba tanto que ellos mismos cuando colgaban el teléfono me decían: “Oye, preséntate otra vez tú, todas las semanas. Solo cámbiate el nombre”.

Y entonces yo me cambiaba de nombre y así me ganaba unas pesetas y un pote de Cola-Cao… Jajaja (Cola Cao era un producto fabricado en Barcelona similar al Toddy).

-¿Es verdad que de niño te decían Falín, por Rafaelín?

-Así me llamaba mi madre, más que nada. Ella se llamaba Rafaela. Y yo para no hacerle la competencia era Falín.

-Tu papá era muy futbolero, pero vos no tanto, ¿o sí?

-Domingo de por medio mi padre me llevaba al Metropolitano (entonces el viejo estadio del Atlético Madrid). Él era “colchonero” total. Y te cuento algo…

El primer recital que hago en el Santiago Bernabéu (estadio del Real Madrid) viene el presidente del club y me entrega una medalla de oro y brillantes. Y yo miré al cielo y dije: “Papá, aquí me tienes, como a ti te hubiese gustado… Sólo que no estoy en el Aleti, sino en el Real Madrid”. Jajaja. Nunca supe cómo le iba a sentar eso a mi padre, que ya se había muerto, pobrecito.

Raphael dice que no quiere que lo clonen y que él sabrá cuando deba retirarse de los escenarios. Foto: Fernando de la Orden
Raphael dice que no quiere que lo clonen y que él sabrá cuando deba retirarse de los escenarios. Foto: Fernando de la Orden

-¿Quedaste contento con “Mi gran noche”, la película de Alex de la Iglesia?

-Sí, Alex es muy bueno. Yo he tenido la suerte de filmar con directores muy prestigiosos. Tres películas con Mario Camus, con Vicente Escrivá otras tres, luego con De la Iglesia. Mira si he tenido suerte.

-¿Te gustaría ser clonado, como para que siempre haya un Raphael a mano?

-Hombre espero que no. ¡¿Para que vas a clonarme si es que yo aún estoy vivo?!

El disco de Uranio

En Wikipedia, un mar de afirmaciones imposibles de cotejar, hay un dato alucinante: el Disco de Uranio es un premio especial otorgado en 1980 por el sello discográfico Hispavox junto a la SGAE (Sociedad General de Autores y Editores) al cantante Raphael en reconocimiento a 50 millones de copias vendidas de toda su discografía, en todo el mundo.

Se supone que ese premio también se le ha otorgado a Queen y a Michael Jackson, pero no hay pruebas tangibles de ello.

-¿Es verdad lo del Disco de Uranio? ¿Existe?

-Existe, sí, y está en mi museo en la ciudad de Linares, donde yo nací. Que por cierto hace un mes y medio llevé allí mi primer coche. que precisamente me lo había regalado Escrivá cuando hicimos la película El Golfo (1969)

-Un Lincoln Continental. El mismo coche en el que iba Kennedy cuando lo mataron.

"El Niño". El apodo que aún ostenta Raphael, a pesar de sus 80 años. Foto: Fernando de la Orden«El Niño». El apodo que aún ostenta Raphael, a pesar de sus 80 años. Foto: Fernando de la Orden

-¿Y es verdad que cantaste en medio de un terremoto y no te diste cuenta?

-¡Sí! Fue en el DF, en México. Mi manager, pobre, me hacía señas de que todo se estaba moviendo y yo no lo entendía y seguía cantando. Tiene gracia, porque yo estaba cantado una canción que es muy fuerte, No vuelvas, y quedaba siempre muy excitado después de hacerla. Y detrás venia una muy suave que era Amo. Y siempre me temblaba un poco la voz del esfuerzo anterior. Pensé que era eso, pero no.

¡Es que temblaba yo entero junto con la ciudad, era un terremoto!

-¿Si no hubieras sido Raphael que cantante te hubiese gustado ser?

-Hmmm… déjame que lo piense y te contesto cuando vuelva a Buenos Aires. Jajaja.



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