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20 de mayo de 2024
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El País

Del placer instantáneo a la fragilidad emocional, María Rojas Estapé explica cómo reconfigurar de nuestro cerebro


«¿Por qué hemos perdido la capacidad de prestar atención y nos hemos convertido en una sociedad tan frágil? Queremos consumir rápidamente sin reflexionar sobre lo que consumimos y da igual lo que sea y eso está teniendo consecuencias. Vivimos intoxicados de dopamina».

En diálogo con La Fórmula Podcast, la psiquiatra española destaca la importancia de encontrar un propósito en la vida para alcanzar un estado de bienestar y equilibrio, y menciona la influencia de la corteza prefrontal del cerebro en la capacidad de ver a largo plazo, tomar decisiones conscientes y ser capaces de planificar y de posponer la recompensa.

Rojas Estapé explica la dificultad que tienen muchas personas para estar en paz consigo mismas sin realizar actividades constantes, el impacto de la infancia en la formación de la voz interior, y la importancia de aprender a lidiar con el dolor para alcanzar un equilibrio emocional. El entrevista completa podés encontrarla en Spotify y YouTube.

Invitada: Marian Rojas Estapé, médica española, especialista en psiquiatría y autora de los libros: Cómo hacer que te pasen cosas buenas, Encuentra tu persona vitamina y Recupera tu mente, reconquista tu vida.

De qué hablamos: sobre la adicción al placer instantáneo, los efectos del exceso de dopamina en el cerebro y cómo la falta de propósito puede llevar a sustituir el sentido de la vida por emociones fugaces.

Marian Rojas Estapé habló en La Fórmula sobre la adicción al placer instantáneo, los efectos del exceso de dopamina y la falta de propósito en nuestra vida.
Foto: Cristian Taylor
Marian Rojas Estapé habló en La Fórmula sobre la adicción al placer instantáneo, los efectos del exceso de dopamina y la falta de propósito en nuestra vida.
Foto: Cristian Taylor

— ¿Cómo nos volvimos una sociedad adicta al placer instantáneo y qué consecuencias traer esto en nuestro sistema de recompensa? ¿Debe existir un balance entre placer y dolor?

— Este último libro, Recupera tu mente, reconquista tu vida, apunta a por qué hemos perdido la capacidad de prestar atención, por qué nos hemos convertido en una sociedad tan frágil. Todo nos molesta, todo nos irrita, todo nos enferma, es como una sensación de fragilidad, de vulnerabilidad. Queremos consumir rápidamente sin reflexionar, da igual lo que sea: comida, series, contenido en redes, es decir que es ese consumo abundante y eso está teniendo consecuencias, meterle fast a la vida, el que todo dependa de la pantalla, el no tener tiempo para frenar y reflexionar. En él hablo de tres diagnósticos. El primero es que vivimos intoxicados de cortisol, la hormona del estrés que se activa en momentos donde estamos amenazados. El caso típico es que vamos por la calle, aparece un ladrón, te tira al suelo, te agarra lo tuyo y sale corriendo, pero el cortisol no sólo se activa en la supervivencia más física, que te persiga un león, que te atraquen o que haya un terremoto, sino también en la supervivencia emocional que venga tu pareja y te diga: “Tenemos que hablar. He conocido a otra persona”. Eso es supervivencia emocional y puede ser que se active un pico de cortisol. En la supervivencia social, todos tus amigos quedan a comer, no te avisan, te sientes abandonado: pico de cortisol. Hay también una supervivencia profesional. Tu jefe te dice que no está contento contigo y entonces puedes perder el trabajo. En la supervivencia económica, inviertes un dinero o tienes poco dinero, etc. El pico de cortisol se activa cuando eso me sucede, pero también cuando me imagino que puede suceder. Entonces una de las ideas que me encantaría que todo el mundo supiera es que mi mente y mi cuerpo no distinguen una amenaza real de una imaginaria.

— ¿Qué efectos causa ese pico de cortisol en el cuerpo?

— Esa intoxicación de cortisol produce inflamación y una de las cosas que genera a nivel mental es que nuestra corteza prefrontal, que es la zona que me ayuda a prestar atención, se bloquea y voy a base de supervivencia. No pienso de forma adecuada, simplemente quiero sobrevivir, no soy capaz de empatizar, no me concentro, no soy capaz de reflexionar de forma adecuada. Vivimos también intoxicados de dopamina. La dopamina es una hormona buena, como el cortisol, hoy estamos aquí gracias a que nuestros padres, abuelos, bisabuelos, tenían mecanismos de cortisol y dopamina buenos porque salían corriendo cuando aparecía el león y la dopamina se activaba en el sexo y en la comida, los dos mecanismos básicos para la supervivencia. Es fundamental que el placer exista porque nosotros hacemos las cosas porque existe un placer al hacerlas y repetimos lo que nos gusta y el cerebro tiene memoria y recuerda lo que le genera placer, lo que le calma, lo que le excita. Lo que pasa es que este sistema de recompensa que es maravilloso se vio jaqueado por las drogas.

«En el equilibrio entre el placer y el dolor, se descubrió que cuando se permiten microdosis de dolor, el organismo empieza a generar dopamina endógena para equilibrar esa cuerda»

— ¿Cómo es ese proceso?

— Cuando nosotros consumimos unas drogas la dopamina que se genera en el espacio entre las neuronas, que se llama “sináptico”, es tan sumamente masivo que lo que hace es que excita de forma muy importante, muy intensa a la siguiente neurona, a la siguiente y a la siguiente, pero como al cerebro eso le está gustando, las neuronas lo están disfrutando, quieren repetir eso, pero esa vibración masiva de dopamina repetida a lo largo del tiempo puede conllevar un deterioro de las neuronas y que se active la adicción. Mi cerebro necesita proteger ese mecanismo. Si yo me paso el día comiendo dulces, magdalenas a todas horas ¿mi organismo qué hace? empieza a liberar insulina para bloquear ese pico de glucosa para que yo no me enferme; pues esto que sucede con el azúcar sucede también con la dopamina. Entonces, ¿quién es el que regula ese exceso de dopamina? al otro lado tienes el dolor. En el libro lo comparo a una cuerda, de un lado está tirando el placer y la dopamina y al otro lado el dolor que empieza a activarse y llega un momento que ya no consumes por placer sino para esquivar el dolor.

— ¿A qué denominas drogas? Porque es un concepto más amplio que lo que conocemos como estupefacientes, ¿no?

— Cuando yo digo que algo es una droga es que tiene un potencial adictivo o está diseñado para ser adictivo, pero no es todo. Por ejemplo, el alcohol es una droga, pero hay personas que consumen alcohol de forma controlada. Es importante este matiz. El control de la propia vida no significa que uno no se permita ningún tipo de placer porque la vida se disfruta por los pequeños placeres cotidianos y esos están regulados por esa dopamina. Un mundo sin dopamina no es un mundo, partimos de esa base. Lo que pasa que el límite entre consumir ciertas cosas a que eso se vuelva una adicción a veces la línea es muy fina. La doctora Nora Volkow, en Nueva York, es la que más lo ha investigado este tema, y tiene diferentes teorías bioquímicas y científicas. Hay ciertas personas que tienden a hacerse adictas. Yo tengo pacientes en mi consulta que me dicen: “Marian, no me des medicación porque tiendo engancharme a las cosas”, gente que tiene mucha conciencia de lo que le sucede. Por otro lado, hay un potencial adictivo que las pantallas lo tienen. ¿Quién no se ha visto de repente enganchado en una red social y lleva horas enganchado a esto? ¿Es malo TikTok? No, es malo cuando domina tu vida, cuando te hace perder una cantidad enorme de tiempo. Históricamente, las drogas ingresaban al organismo por vena, a través de la nariz o de la boca y ahora entran a través de los ojos y eso es: pornografía, video juegos, TikTok, Instagram. Está diseñado para ser así. Por eso todas las drogas hay un momento que necesitas muchas más dosis para sentir el mismo placer.

«A nuestra mente y cuerpo no les gusta vivir en el vacío porque es angustioso. Ante la ausencia de sentido, tendemos a sustituir el sentido por las sensaciones, que son rápidas y dopaminérgicas»

— ¿Qué provoca en el cerebro?

— Hay cambios en el cerebro cuando uno consume constantemente TikTok, pornografía, video juegos, de forma adictiva, o comida procesada o comida azucarada o tabaco, etc. Sí, nuestro cerebro se modifica en las adicciones, hay estudios muy importantes, de neuroimagen en los que se ve el deterioro cognitivo ante el alcohol, que es uno de los más frecuentes porque el consumo es muy alto, pero también puede ser de benzodiacepinas, morfinas, opioides, donde nuestro cerebro se modifica. Una de las cosas que sucede es que hay un cambio en los receptores de dopamina, en la liberación normal de dopamina, y hay un concepto en el libro que yo explico que se denominan “carreteras neuronales”. Es como un juego de mesa, empieza a jugar un padre con hijo y hay un placer, cinco bolitas de dopamina circulan por la carretera del dominó o del ajedrez, uno lo pasa bien, se ríe, tiene ese rato agradable, está bien y es un hábito familiar de juego. A ese niño le regalan una Play, video juegos, y empieza a jugar de forma compulsiva. Ahí no circulan cinco bolitas de dopamina, ahí circulan 50, y son los que yo denomino ladrones de dopamina, están diseñados para generar cada vez más dopamina, entonces esa carretera se va haciendo más grande y cada vez va circulando más dopamina ¿por qué se convierten en ladrones de dopamina? porque empiezan a robar la dopamina de las carreteras secundarias, de carreteras rurales, la carretera rural del dominó, la del ajedrez y esa dopamina se va y entra en la autopista esa gigante de los videojuegos. Pasa un año y tú a tu hijo le dices “¿vuelves a jugar conmigo al dominó?” y te dice: “papá, me aburre, no quiero” porque la carretera del dominó se ha vaciado de dopamina y lo que le genera placer es el video juego. Pues esto pasa con la lectura y las series; la fruta y las galletitas, etc.

La felicidad es equilibrar expectativas, disfrutar lo bueno y gestionar lo malo, no es un estado de plenitud constante.
 (Imagen Ilustrativa Infobae)
La felicidad es equilibrar expectativas, disfrutar lo bueno y gestionar lo malo, no es un estado de plenitud constante.
(Imagen Ilustrativa Infobae)

— ¿Se puede volver atrás una vez que acostumbramos al cuerpo y a la mente a estos niveles altos de dopamina y estímulos tan fuertes? ¿Se puede revertir esa situación y volver a sentir placer con cosas simples?

— Yo a los pacientes les digo: “Tenemos que volver a reconfigurar esas carreteras, a conseguir que esas carreteras que se han llenado de arbustos, de pinchos, hay que volver a generar espacio”. Uno de los síntomas típicos de los adictos graves es que no disfrutan con ningún placer cotidiano. Cuando tú vives enganchado a una droga los placeres cotidianos era visitar a tu madre, quedar con amigos, ir a ver un partido de fútbol, nada te llena. Lo único que quieres es estar enganchado a tu droga. Poquito a poco si consigues bajar el consumo, esto es super importante por los psiquiatras de esto tenemos que saber, tú le quitas algo pero tienes que introducir alguna cosa porque sino esa persona se siente en el vacío más completo y al cabo de cuatro semanas empiezan a reactivar esos receptores, esas carreteras se empiezan a modificar. Volkow habla un proceso de cuatro semanas, y poco a poco se va consiguiendo, pero toda persona que ha sido adicta, como el cerebro recuerda lo que le calma, el riesgo de recaída es mayor y por lo tanto son personas que se tienen que cuidar siempre para no recaer.

— ¿Por qué el cerebro recuerda el momento en que uno se calmó y ese placer que fue tapado, pero no recuerda lo mal que se siente luego de ese efecto momento?

— Cuando tú eres adicto la corteza prefrontal está muy dañada, por eso la autora Volkow dice: “Los adictos son víctimas. Víctimas de su deterioro de corteza prefrontal”. La que te ayuda a ver la consecuencia de las cosas es la corteza prefrontal, de ver a largo plazo. Hay un punto en el que el sistema de recompensa se apodera, esa necesidad de consumir es muchísimo más poderoso que la capacidad que tiene la corteza prefrontal en ver a largo plazo. Si te conviertes en una persona adicta no ves a largo plazo, ves en el instante. Hay un caso que cuento en el libro de una paciente que tuve en el hospital que dejó a su bebé para ir por cocaína, llorando en casa, y cuando volvió lo escuchó llorar y llorar y se fue para vender lo único que tenía de su madre que era un reloj, mal vendió el reloj, que era el único recuerdo de su madre que antes de morir le dio su reloj, que se lo había regalado el marido, el padre, antes de casarse, lo vende por nada, con eso compra cocaína, abandona al hijo en casa y llega ¿y qué se encuentra? Que lo único que tenía lo había vendido y que el bebé llora y dice: “¿Cómo no fui capaz de darme cuenta?”, porque en esos momentos lo único que rige la conducta es la necesidad de sentir placer o de esquivar el dolor. En el síndrome de abstinencia es tal la necesidad de placer que nubla cualquier cosa, por ejemplo, una persona que tiene problemas de alcohol o en algunos tipos de drogas, el síndrome de abstinencia es tan fuerte que no hay corteza prefrontal y entonces en ese momento lo único que importa es volver a consumir.

Nuestra mente, nuestro cuerpo, nuestro espíritu, nuestra alma, como cada cual lo queramos llamar, no les gusta vivir en el vacío porque el vacío es angustioso, es vértigo (Imagen Ilustrativa Infobae)
Nuestra mente, nuestro cuerpo, nuestro espíritu, nuestra alma, como cada cual lo queramos llamar, no les gusta vivir en el vacío porque el vacío es angustioso, es vértigo (Imagen Ilustrativa Infobae)

— En tu libro mencionas la falta de propósito y que muchas veces el ser humano intenta sustituirlo con emociones, ¿cómo se encuentra ese sentido de vida?

— La palabra felicidad está muy manida, se habla mucho de la felicidad, pero para mí la felicidad es como un estado de bienestar, un equilibrio entre las expectativas que tengo con la vida y cómo las voy disfrutando y gestionando. La felicidad no es un estado de plenitud constante, eso no existe, al final todos libramos batallas en nuestras vidas, no hay nadie tan rico, tan poderoso, tan estupendo que no tenga batallas en su vida, preocupaciones, inquietudes, y parte de la felicidad consiste en aceptar que nos van a llegar cosas malas y que cuando lleguen las malas las gestionemos de la mejor manera posible, y que las buenas seamos capaces de disfrutarlas. Entonces esa felicidad depende del sentido que yo le doy a mi vida. La persona que más ha hablado de este tema es el doctor Viktor Frankl, padre de la logoterapia. Cuenta cómo en el campo de concentración, él es de origen judío, le arrancan todas las páginas de su nuevo libro. Cuando lo volví a leer este año pensaba en que yo iba con mi ordenador y mis apuntes a todos lados y que si alguien me hubiera quitado todos los apuntes probablemente ya no hubiera escrito el libro de nuevo porque a veces tengo esa sensación de llevarlo todo ahí. Él se dio cuenta en el campo de concentración que la gente que tiene un motivo por el que vivir, como “volver a ver a mi esposa, volver a mi empresa, volver a ver a mis hijos, volver a…”, esa esperanza por algo, tener esa ilusión consigue que la persona tenga más energía, más fuerza para sobrevivir. La logoterapia es la terapia del sentido. Nuestra mente, nuestro cuerpo, nuestro espíritu, nuestra alma, como cada cual lo queramos llamar, no les gusta vivir en el vacío porque el vacío es angustioso, es vértigo, es precipicio, y ante la ausencia de sentido, tendemos a sustituir sentido por sensaciones, las sensaciones son rápidas, son dopaminérgicas, algunas son buenas, otras no son tan buenas, puede ser un masaje, una comida, tomar algo con amigos, pasear, ir al futbol, ir a un concierto, sexo, drogas, depende de cómo sea de sensaciones. Entonces el problema es que muchas veces esas sensaciones se convierten en nuestro único leitmotiv, en nuestra única manera de querer engancharnos a la vida. Nos convertimos en drogodependientes emocionales, adictos a experiencias. Entonces es el culto del instante, lo que importa es ahora sentir al máximo y es el hiperactivismo.

—¿Cómo impacta eso en nuestra vida?

El ser humano no está diseñado para vivir siempre en el hiperactivismo, en el hacer, el ser humano está diseñado para a veces frenar, parar, y en ese parar: deporte, naturaleza, sin pantallas, dejarte llevar, el estado de flujo, meditar, rezar, cada cual lo que le ayude porque en esos momentos yo me reparo a nivel mental, pero a nivel fisiológico también, es decir que mi sistema inmune no está diseñado para estar siempre preparado para la guerra, a punto de luchar, porque se agotan los soldados. Hay un momento dado que el sistema inmune se deteriora y pueden empezar enfermedades autoinmunes, enfermedades inflamatorias, la mente y el cuerpo están profundamente unidos. Por lo tanto, encontrarle un sentido, a veces no es fácil porque encontrar un sentido a las cosas requiere parar, reflexionar y hacerse preguntas que no siempre tienen fácil respuesta.

— ¿Qué podemos encontrar cuando frenamos la hiperactividad?

Cuando uno no hace nada físicamente surge la voz interior. Puede ser un diálogo o puede ser un monólogo, puede ser que te dice cosas del pasado, del presente, de tus miedos, de tus inseguridades, pero la divagación mental es un proceso clave. Nadie ha descubierto nada importante en un momento frenético de hiperactividad que no para de hacer cosas, en un momento donde no deja de hacer, de consumir. Cuando yo escribí este último libro muchos días volviendo de la consulta metía el celular en el bolso cerrado y esos 40 minutos mi cabeza se liberaba y se me ocurrían ideas. A mí los momentos de divagación mental me ayudan. Por eso es tan importante que seamos dueños de nuestra voz interior porque si no lo somos huimos de esa voz.

Nos convertimos en drogodependientes emocionales, adictos a experiencias. Entonces es el culto del instante, lo que importa es ahora sentir al máximo y es el hiperactivismo (Imagen Ilustrativa Infobae)
Nos convertimos en drogodependientes emocionales, adictos a experiencias. Entonces es el culto del instante, lo que importa es ahora sentir al máximo y es el hiperactivismo (Imagen Ilustrativa Infobae)

— La vida actual de hiperactividad, consumo y movimiento, nos lleva a veces a una sensación de culpa cuando nos detenemos. ¿Qué hacemos con esa emoción?

Esto es algo que me he planteado muchas veces porque me ha pasado a mí también, que nos han educado en que lo que nosotros hagamos tenga sentido y que no pierdas el tiempo. Durante muchísimos años la educación ha ido un poco enfocada a la no pérdida del tiempo. En los últimos tiempos y a nuestra generación, la de nuestros padres y nuestros abuelos, hemos llegado con “aprovecha el tiempo”, tanto el aprovechamiento del tiempo ejecutivo y eficiente en nuestro trabajo, en nuestro estudio. “Aprovecha el tiempo que nunca sabes lo que puede pasar mañana”, se dice. Entonces, cuando de repente ese tiempo lo dedicas a no hacer nada, que es un aburrimiento permitido, sin culpa, de repente dejo de hacer cosas sin culpa, diez minutos al día, quince… No hablo del elogio a una pereza mala, no estoy refiriéndome a eso sino que soy capaz de gestionar un momento de descanso, un reposo mental, cierta quietud mental, que eso es muy bueno. La culpa en estos casos es tóxica, es un veneno, porque no te permite avanzar en la vida, hay que desactivar muchas veces y la terapia es la forma de desactivar la culpa, está muy presente en mis terapias.

— ¿Qué partes del cerebro estamos perdiendo cognitivamente por todo esto de nuestras adicciones a la dopamina, vivir en un mundo hiperactivo y todo esto que bloquea nuestra corteza prefrontal?

— Lo que se llama en inglés use it or lose it (úsalo o lo pierdes) es algo que llevo muchos años investigando y leyendo. Hay un neurólogo español que se llama el doctor Pascual Leone, que trabaja en Estado Unidos, descubrió que niños que tocaban el piano durante unas semanas había zonas en su cerebro que se desarrollaban y dejaba de tocar el piano esas zonas volvían a su estado original. Se ha hecho un estudio de los taxistas de Londres que es que hay estudiar tal cantidad de calles que esas personas tenían zonas de la memoria de su cerebro más desarrolladas durante la época del examen, hay personas que hacen especializarse en temas concretos de la medicina, temas jurídicos, etc., que desarrollan más áreas del cerebro, el deportista ejecuta más zonas de su cerebro a nivel físico. A nivel de la corteza prefrontal, que es esta que nos interesa que nos funcione bien, si yo no la uso, si yo la bloqueo, lo que se está viendo es que esa zona se desarrolla peor. Es la zona que te va a ayudar a gestionar, a tomar decisiones, a ser capaz de planificar, a ser capaz de posponer la recompensa, ser capaz de ponerse en el lugar del otro, es una zona super importante en la gestión de nuestras emociones, entonces esa zona si yo no la uso, es una zona que se convierte en algo pasivo porque todo llega desde afuera, yo no lo gestiono desde adentro. Un ejemplo fácil es si uno usa Google Maps o Waze para todo, cada vez se orienta menos. La ventaja es que si yo la vuelvo a trabajarla vuelve, si yo trabajo mi capacidad de prestar atención, de volver a la lectura, de volver a realizar ciertos ejercicios, a meditar, el cerebro se va modificando y es muy agradecido a la repetición de esos hábitos, de esas rutinas vitamínicas que yo llamo “hacer cosas que le hacen bien a mi cerebro, a mi organismo o a mis relaciones humanas”.

El ser humano no está diseñado para vivir siempre en el hiperactivismo, en el hacer, el ser humano está diseñado para a veces frenar, parar (Imagen Ilustrativa Infobae)
El ser humano no está diseñado para vivir siempre en el hiperactivismo, en el hacer, el ser humano está diseñado para a veces frenar, parar (Imagen Ilustrativa Infobae)

— Algunas de las rutinas vitamínicas que mencionas en tu libro son: aprender a aburrirse, hacer ayuno de dopamina y cómo abrazar el dolor. ¿Qué podés decirnos sobre ellas?

— Abrazar el dolor es un concepto que, en el libro pongo: “querido lector no dejes de leer esto, si esto te incomoda al escuchar ‘abraza el dolor’, dame una oportunidad para explicártelo”, es ese equilibro del placer y el dolor. Lo que se ha descubierto es que cuando tú permites microdosis de dolor el organismo empieza a generar dopamina endógena para equilibrar esa cuerda, es decir que si a mí me apetece un vaso de agua ahora y espero, me apetece comer y espero un poco, me apetece comprobar mi WhatsApp y espero, tengo un poco de frío pero aguanto, no me quejo; o sea cada sensación que me llega no cubro esa necesidad en el instante, sino que permito una microdosis de malestar y de repente uno nota que eso baja. Aquí en Argentina cuando tú vas a esquiar el esquí tiene la bota que aprieta el frio, te caes del esquí, pero qué sensación es cuando te quitas la bota, llegas a un sitio, te tomas algo caliente, es indescriptible, pero viene porque has tenido un poquito de dolor, viene porque sufrí un poquito de dolor. En España tenemos el camino de Santiago que caminas unos días hasta llegar a la Catedral de Santiago y llueve, hace frío, después duermes en un saco de dormir, pero la gente te dice “llegas” a la Plaza del Obrador en medio de Santiago de Compostela y hay algo. Tiene mucho que ver con que esos días te ha costado conseguirlo. No te sientes igual si vas en coche o en avión, que si vienes de unos días de estar caminando por el monte. Y llevado todavía más al extremo de abrazar el dolor, el adicto que ha salido de la adicción muchas veces lleva su cuerpo a sensaciones muy dolorosas desde ducharse con agua fría, baños de hielo, subir la montaña descalzo a -10° ¿cómo aguanta ese dolor?, porque esa dopamina que se le genera le recuerda a la dopamina de esa época. Yo lanzo un mensaje a nivel educativo: no satisfacer cualquier cosa que me apetece en el momento, sino que voy educando esa cuerda entre placer y dolor, el dolor a veces llega y a veces aunque me moleste aguanto. El ayuno de dopamina es porque se dieron cuenta que realmente es adictiva y hay una especie de proyecto de hacer un día a la semana, un fin de semana al mes, de ayuno de dopamina, ¿cuál es la realidad? Al día de hoy no somos capaces de controlar cuánta dopamina liberamos y no es bueno dejar de liberar dopamina porque al final la dopamina está en cuando abrazo a mi pareja y llego a casa, cuando como algo rico y me gusta, cuando mantengo relaciones sexuales, es decir que no podemos quitar la dopamina de nuestra vida, es maravillosa; pero decir que de lo que yo estoy más enganchado voy a quitármelo durante unos días, si yo soy una persona que como mal durante una semana voy a comer más saludable y voy a quitar todo eso que es más dopamina o esta semana no voy a mirar TikTok o a jugar a video juegos, la voy a gestionar con un pequeño ayuno para ver qué pasa. Hay otro concepto en rutinas vitamínicas que me fascina que es el estado del flujo o el flow. El flow es un estado donde yo me pongo a hacer algo con un poquito de dificultad, pero esa dificultad no me bloquea, es donde yo disfruto más del proceso que llegar a hacerlo. Por ejemplo: el cocinero que se pone a hacer platos y de repente mira el reloj y han pasado tres horas, el poeta que se pone a escribir sus poesías y de repente se ha pasado toda una mañana y se le ha ido la sensación del tiempo. Los vinculamos con momentos de enorme bienestar y plenitud, porque en ese momento no hay amenaza, sólo disfruto de lo que estoy haciendo.

“Una de las cosas que podría decir es que no hay historia, no hay batalla, no hay trauma tan doloroso que no pueda ser sanado y acompañado”, explicó la especialista.

Sostuvo que en su experiencia atendiendo pacientes “las historias más complicadas, los traumas más difíciles, bien llevados, con mimos, con muchísima delicadeza, con sabiduría de medicina, de psicología y de corazón, pueden ser aliviados”.





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