Superación y acompañamiento: historias de vida transformadas tras el paso por los refugios de invierno
Durante la temporada invernal, la Ciudad de Mendoza desplegó un abordaje psicosocial profundo mediante la apertura de refugios destinados a la contención integral de personas en situación de vulnerabilidad. Más allá de ofrecer abrigo, un plato de comida caliente y elementos de higiene personal, la gestión municipal del intendente Ulpiano Suarez promovió un acompañamiento multidisciplinario orientado a la restitución de derechos, la revinculación familiar y la inserción laboral.
El impacto de este compromiso institucional, que se realizó en conjunto con el sector privado, organizaciones de la sociedad civil y redes comunitarias y cristianas, se refleja de manera concreta en el presente de quienes pasaron por los albergues. Detrás de cada espacio ofrecido hay procesos reales de superación personal, guiados por el sostén de los equipos de operadores y personal de diversas áreas municipales.
Así, Pablo, Matías, Pedro y Sebastián son el fiel testimonio de que el acompañamiento del Estado local -tanto municipal como provincial-, sumado a la voluntad individual, permite transformar realidades y abrir nuevas oportunidades. Además, los chicos no sólo cambiaron sus propias vidas si no que fueron más allá. Actualmente, conforman un espacio denominado “Sembradores de Esperanza” (ver al final) desde el que realizan comidas y reparten a personas que se encuentran en situación de calle.
Pablo: “En la calle conocí el refugio; me dieron la contención y el apoyo que necesitaba”
Llegó a la Ciudad desde Buenos Aires tras sufrir un engaño laboral que lo dejó sin recursos y sumido en una profunda crisis, marcada también por pérdidas personales del pasado. Luego de estar varios días a la intemperie en plazas cívicas, ingresó a uno de los refugios, donde encontró la fuerza necesaria para rehacer su vida.
“Yo pensaba que las cosas ya no iban a poder cambiar, pero en el refugio conocí gente muy buena que me ayudó. Los que están a cargo me dieron una mano, nunca me dejaron caer los brazos y todos los días me levantaban para que saliera adelante. Tuve contención, apoyo y todo lo que necesité en ese momento. Logré un trabajo estable y hoy gracias a Dios estoy con mi familia, volviendo a hacerme un hombre de bien. Empecé a poner de mí y, cuando me quise dar cuenta, ya estaba en otro lado, trabajando de lo que me gusta hacer”, expresa Pablo, de 46 años.
Matías: “Aproveché todas las herramientas que me dio el municipio para no volver a la calle”
Tras atravesar un complejo proceso de separación personal que lo derivó en un cuadro depresivo y en dos meses de pernocte en la calle, Matías (47) decidió aprovechar el espacio asistencial. Allí inició un cambio radical de perspectiva profesional e individual, motivado por las palabras y la contención cotidiana de los operadores.
“Haber estado en el refugio fue un cambio total de vida. Logré entender que las oportunidades se nos daban y supe escuchar lo que nos decían los operadores cuando nos orientaban para, por ejemplo, acercarnos a la municipalidad a hacer el currículum. Aproveché todas las ayudas, los recursos y las herramientas que nos dieron. Eso me llevó a irme cuatro días antes del cierre, con el corazón sanando y con una paz interior enorme. Hoy estoy retomando mi actividad en el rubro inmobiliario, gestionando propiedades en venta y alquileres para la costa en verano”, destaca Matías con alegría.
Pedro: “El municipio nos dio la oportunidad de salir adelante y nunca nos dejó solos”
Con 56 años y un duro bagaje de más de dos décadas afrontando la vida en calle tras una dolorosa pérdida familiar, Pedro encontró en Mendoza un puerto seguro. Dormía en la Plaza Independencia hasta que se vinculó con los programas locales y la asistencia comunitaria. Gracias al apoyo del área de Adultos Mayores de la Ciudad, hoy gestiona su propio emprendimiento gastronómico.
“Mendoza me ha abierto las puertas como en ningún lugar. Los operadores y la gente del municipio siempre estuvieron apoyando y nunca nos dejaron solos; nos dieron esa oportunidad de poder salir adelante. Hoy en día tengo mi microemprendimiento, soy maestro cocinero, hago viandas y sándwiches. A la gente que está en la misma situación le digo que tome coraje, que quienes trabajan en el municipio los quiere ayudar. No éramos nadie y ahora somos alguien que quiere ayudar a los demás”, resalta Pedro.
Sebastián: “Fue una experiencia muy positiva que me enseñó a tener otra visión de la vida”
Para Sebastián (43), el ingreso al albergue representó un espacio de reestructuración personal y rehabilitación. Poder contar con pautas claras, horarios y la dignidad de un descanso reparador le permitió reencontrarse consigo mismo, retomar su oficio técnico y reconectarse con su vocación musical como bajista de metal.
“Tener una ducha caliente, un plato de comida digno y poder descansar bien me ayudó a organizarme, levantarme temprano y recuperar la disciplina. El municipio brindó una gran herramienta; la contención y el diálogo con los operadores me hicieron volver a encontrarme conmigo mismo y valorar las oportunidades. Hoy tengo mi trabajo en un negocio de celulares, alquilo mi lugar y estoy componiendo una canción con mi banda, Títeres Negros, que se llama ‘El refugio de los sueños’, basada en esta experiencia”, relata Sebastián mientras sonríe.
Sembradores de Esperanza: del refugio a la acción solidaria por los demás
La experiencia compartida dentro del dispositivo municipal no sólo transformó el destino individual de sus asistentes, sino que tejió lazos de empatía y fraternidad colectiva. Fue allí donde Pablo, Pedro y Matías se conocieron y decidieron canalizar su proceso de superación en un proyecto solidario para devolver la ayuda recibida.
Junto a otros colaboradores, conformaron el grupo “Sembradores de Esperanza”, una iniciativa mediante la cual preparan y distribuyen viandas de comida, bebidas calientes, abrigo y calzado a unas 30 personas que se encuentran en situación de vulnerabilidad en zonas como la Alameda y la Plaza Independencia.
Además del sustento material, quienes entre risas dicen ser una versión actual de “Los 3 Chiflados”, transmiten su propio testimonio de vida como un mensaje directo de concientización, demostrando que con esfuerzo, contención institucional y voluntad es posible salir adelante.







