25 de julio de 2024
FM Del Condado
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Espectáculos

¿Se puede hablar mal de “La sociedad de la nieve”?


Los cines -no el cine- están terminados. Es una agonía lenta. Da un poco pena. Hemos escuchado al director de La sociedad de la nieve, Juan Antonio Bayona, diciendo que la película es furor: 100 millones de personas la vieron a través de Netflix y 400 mil en el cine.

¿Escuchamos bien? ¿400 mil contra 100 millones? Sólo en la Argentina, Un cuento chino, de 2011, hecha con dos pesos y protagonizada por Ricardo Darín, llevó más de un millón de espectadores.

Bayona lo dijo desde un púlpito, quejándose porque los diarios no se hacían eco de la noticia. Tono de arenga y ceño fruncido, como si él también fuera un sobreviviente. Hablaba ante un auditorio que aplaudía la cifra (calculamos, la cifra de Netflix).

El cineasta Juan Antonio Bayona logró dos nominaciones a los premios Óscar de la Academia de Hollywood, entre ellos el de la mejor película internacional. Foto: EFEEl cineasta Juan Antonio Bayona logró dos nominaciones a los premios Óscar de la Academia de Hollywood, entre ellos el de la mejor película internacional. Foto: EFE

La verdad es que hoy día tenés que ser muy cinéfilo para dirigirte, personalmente, hasta una sala de cine.

Aunque veas Rápido y Furioso, si fuiste al cine, si pagaste una entrada, si diste propina y te sentaste en una butaca, deberían darte el carné de «Recontra Cinéfilo».

Vivimos rodeados de gente que admite: «No voy desde antes de la pandemia». Lo confiesa sin que parezca un trauma ni nada para tratar en terapia. Es triste, pero bueno, es así, las plataformas mandan y el cine no tiene más remedio que mendigar cuota de pantalla (grande).

De alguna manera se transformó en una suerte de mal necesario. Un trámite el cine. Como un escribano que ejerce una función habilitante para poder competir en los Oscar. Más que una alegría, estrenar se transformó en un requisito. Espantoso.

Una película solidaria y sensible

Yendo al hueso, La sociedad de la nieve es una película que trata sobre unos muchachos nacidos y criados para caerse con un avión en la cordillera de Los Andes.

Existe gente que nace para ser deportista, buen padre, para brillar, gente que nace para estrella de rock, para alegrarnos la vida, etc., y gente que llegó a este mundo para ser eterna.

Una escena de "La sociedad de la nieve", de Netflix.Una escena de «La sociedad de la nieve», de Netflix.

Trata sobre unos jóvenes que sufren un accidente aéreo y no conformes con haber sobrevivido, deciden seguir sobreviviendo. Y lo hacen sin parar. La «resiliencia» es un valor que empezó a consumarse a unos 5000 metros de altura.

Es una película solidaria, sensible, con notable compromiso, sentido común y otras virtudes propias de… la masculinidad. En este caso no hay mujeres que hayan sobrevivido para contarlo, y eso que estamos hablando de uno de los milagros favoritos en todos los congresos de desahuciados. Un fenómeno muy por encima de los mineros chilenos y probablemente a la altura del Titanic.

Lo vimos en un avión junto a una de esas personas que van a marchas y hacen un poco de protesta en la calle. Al finalizar, dictaminó: «Película machista». ¿Celos? Evidentemente no podía creer que, aunque no hubiera relleno convencional para la empanada, los varones se las ingeniaran tan bien sin ellas. ¡Y en las alturas! También hay quienes piensan que el filme invisibiliza el veganismo.

La sociedad de la nieve no muestra miserias humanas. Nada innoble. Nada mezquino. Nada de lo que uno se pueda avergonzar. Es la historia conocida de los rugbiers uruguayos que nos enseñan que la convivencia, finalmente, no es tan complicada. Que es un viaje con desafíos y alegrías e incluso resulta posible en situaciones bastante incómodas.

Opiniones variadas

Pibes de ventipico con la capacidad de mil Santi Marateas. Todos se apoyan, no hay clanes ni liderazgos oportunistas. No confabulan unos contra otros. Nunca un mordisco de más. ¿Lo de la “garra charrúa» vendrá de acá?

Una imagen del complejo rodaje que se hizo para "La sociedad de la nieve". Foto: NetflixUna imagen del complejo rodaje que se hizo para «La sociedad de la nieve». Foto: Netflix

El director nos la presenta como una lección de vida. Película con mensaje. De las que te dicen «después de todo, mañana saldrá el sol».

Conocemos a uno que la vio en el cine (cinéfilo). ¿Te gustó? «Está dirigida al público de series que tiene formateado el modo de consumo de las plataformas».

Lucrecia Martel, directora de Zama y La Ciénaga, piensa que el 90% de los contenidos de Netflix son pavadas, y puede que tenga razón. Cree que el eterno retorno al argumento, casi como carácter único de las narraciones, es un aspecto conservador propio de una secta mundial del «relato».

Su realización es impecable, en cambio el guión parece una canción de Alejandro Lerner. El personaje de Numa Turcatti, algo así como un Adam Driver rioplatense, se está muriendo y le dice a sus amigos que la va a quedar, pero lo dice masticando un chocolatito y satisfecho al estilo Sargento Cabral. Solo faltaría el «Muero contento, hemos batido al enemigo».

Además –con 100 millones de espectadores ya no hay spoiler que valga-, el pibe que relata en off no es un sobreviviente sino un muerto. Il morto qui parla no hace saltar la banca, sin embargo da la pauta de que la ficción esta ahí latiendo desde el primer minuto. O sea, más allá de los hechos reales, la historia (apasionante, por cierto) siempre será contada por los que ganan.

Un enfermo del cine que trabaja en este mismo diario decidirá clausurar el debate, tildándolo de ridículo. “Disculpame, todo bien, pero criticar esta película es como pararse de manos contra una de Marvel”.



Fuente Oficial