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25 de junio de 2024
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Policiales

La impotencia del hermano del turista asesinado por motoqueros en Mar del Plata: «Lo mataron por nada»


Una camioneta y dos motos se cruzaron en la esquina de Moreno e Independencia, en Mar del Plata, pasadas las cuatro de la madrugada del lunes. Las motos comenzaron a tirar cortes, a hacer ruido desaforadamente y adrede. El acompañante delantero de una Toyota Hilux gritó hacia las motos una frase corta e inofensiva que culminó en una persecución de cuatro cuadras, un disparo y un muerto: “Bien ahí, rey”.

Mauricio Alejandro Grasso era de Moreno, tenía 40 años y dos hijos, uno de trece y otro de cuatro. El viernes había viajado con dos amigas desde Moreno hacia Mar del Plata para pasar el fin de semana. El domingo por la noche, hizo un asado con dos amigos marplatenses y sus dos amigas. Decidieron cenar en la casa de uno de los amigos, ya que deseaban una velada tranquila; el ruido era para más tarde.

Terminado el asado, el grupo de amigos decidió ir a tomar algo a un pub y luego ir al boliche “Momentos”, en el centro de Mar del Plata, a pocas cuadras del casino. Estuvieron allí hasta las cuatro, y cuando salieron, se dirigieron en la Hilux de uno de ellos por Bolívar en dirección oeste. Siete cuadras más tarde, en Bolívar y Avenida Independencia, dos motos rodearon a la camioneta y comenzaron a hacer whellie y “tirar cortes”, como se conoce en la jerga callejera a hacer rebajes y a provocar ruidosas explosiones con el caño de escape.

“Bien ahí, rey”, gritó uno de los amigos, el que estaba como acompañante en la parte delantera de la camioneta, hacia los motoqueros. Con esa frase, se acabaron las certezas; todas menos una: que cuatro cuadras más adelante, murió Mauricio producto de un disparo que impactó en su cabeza luego de traspasar la luneta trasera de la camioneta.

Maru, la amiga que acompañaba a Mauricio en la madrugada del lunes, prefiere no declarar a los medios, pero sí contó a la familia de su amigo lo siguiente: ellos, en la camioneta, sintieron miedo por la presencia y la estridencia de los motoqueros que los rodearon; y fue por ese motivo que el acompañante delantero de la HIlux dijo, para intentar quedar bien con los que iban en la moto, la frase que hoy resuena alrededor del caso. “Bien ahí, rey”.

Contó, también, que el acompañante delantero seguía asustado luego de decir la frase y que Mauricio, que iba atrás en la camioneta junto con ella, intentó calmarlo. La camioneta cruzó la avenida Independencia, sobre Bolívar, y Maru miró por la luneta trasera hacia atrás, para saber si los motociclistas seguían detrás de ellos: no sólo vio que sí, sino también que uno de ellos estaba sacando un arma.

—Agachate, Mauri. Tienen un arma. Por favor, agachate—, dijo Maru, la amiga de Mauricio.

—No pasa nada, gorda. Tranquila—, llegó a contestar Mauricio.

Acto seguido, la amiga de Mauricio contó que se agachó para refugiarse con el asiento trasero de la camioneta. Pocos segundos después, oyó dos disparos, y cuando se reincorporó, vio a su amigo bañado en sangre: un tiro en la cabeza. La camioneta se detuvo instantáneamente en 20 de Septiembre y Bolívar, luego de cuatro cuadras de persecución. La moto siguió su viaje. Cuando llegó la primera ambulancia, no había nada que pudiera hacerse: Mauricio estaba ya muerto.

Mauricio Grasso tenía 40 años y era padre de dos hijos. Lo asesinaron en Mar del Plata por nada.Mauricio Grasso tenía 40 años y era padre de dos hijos. Lo asesinaron en Mar del Plata por nada.

¿Qué se sabe, hasta ahora, sobre las dos motos? Poco. Algunos testigos oculares, gente que caminaba por la zona a esa hora, sostienen que se trató de dos parejas; otros, que sólo una transportaba a una pareja, y que en la otra moto había sólo un hombre. La fiscal María Florencia Salas, de la UFI N°1 de Mar del Plata, es quien investiga el caso. Hasta el momento, sólo pudo servirse de cámaras de seguridad para arrojar sólo un poco de claridad acerca del asesinato de Mauricio Grosso.

Sólo un poco de claridad, ya que hay dos cuestiones a valorar respecto de estas pruebas: no puede conocerse la identidad de los atacantes mediante el peritaje de las imágenes de cámaras de seguridad privadas de las que se disponen hasta ahora; y únicamente se está intentando precisar, por lo tanto, el rumbo que las motos siguieron luego de asesinar a Mauricio. Por el momento, todo cuanto saben es que se dirigieron por Bolívar en dirección a la avenida Jara, hacia el oeste.

El recuerdo del hermano de Mauricio

Martín Grosso es hermano mayor de Mauricio, los dos únicos varones de los ocho hermanos, todos criados en el barrio Lomas de Casasco, en Moreno, oeste del Conurbano. A pesar de que todos sus hermanos se fueron del barrio, Mauricio se quedó viviendo allí, en parte para acompañar a su papá.

“¿Qué puedo decir? Estoy destrozado, sin energías. Mauri es una persona querida por todo aquel que lo conoce, con un corazón que no le entra en el pecho”, dice a Clarín el hermano de Mauricio. Habla de él en presente. “Padre de dos hijos hermosos, laburador y emprendedor a más no poder. Es de esas personas que dejan de hacer lo que están haciendo para ayudarte”, agrega.

Mauricio había cumplido 40 años hace menos de un mes. Era viudo de la madre del primero de sus hijos, de 13, y estaba separado de la madre del segundo, de 4. No obstante, con esta última mantenía una relación cordial.

Martín cuenta que su hermano se ganaba el mango de varias formas: hacía reparaciones y remodelaciones, tenía una ferretería y tenía, junto con un socio, una casa quinta que alquilaba. También cuenta, porque fue una de las últimas conversaciones con él, que Mauricio estaba preocupado porque el lunes llegaría tarde para limpiar la casa quinta, la cual sería alquilada dentro de pocos días.

“Iban a pasar el fin de semana a Mar del Plata, a descansar y a divertirse. Dejaron a dos nenes sin su padre. ¡Lo mataron por nada!”, dice Martín. Agrega que, según le confirmaron fuentes policiales a la familia, no hubo discusión previa entre su hermano y sus amigos y los conductores de las motos, ni tampoco intento de robo alguno. A Mauricio lo mataron por nada.

El intendente de General Pueyrredón, Guillermo Montenegro, se comunicó con la familia de Mauricio y se ofreció a costear su entierro. La fiscal Salas se comunicó con la familia, le ofreció una reunión para contarles sobre la investigación. “Ni siquiera pregunté ni quise preguntar qué pasó con los de la moto, esos hijos de puta. Pase lo que pase no va a cambiar en nada, nada me va a devolver a mi hermano”, culminó Martín Grasso.

Maestría Clarín / Universidad de San Andrés



Fuente Oficial