La serie de la Casán, en Netflix, confirma un fenómeno que crece en las plataformas: llevar a la pantalla la vida de figuras que todavía pueden opinar, corregir o enojarse con su propio relato.
¿Qué pasa con los personajes periféricos que aparecen en esos relatos, que pueden documentales o ficcionados?
Hijos, parejas, representantes y amigos quedan expuestos sin haber firmado nada, el costado menos discutido de esta moda de los tributos episódicos en vida.