El Mundo

5 poemas de Sor Juana Inés de la Cruz

todayfebrero 24, 2024 1

Fondo


Sor Juana Inés de la Cruz fue una religiosa y escritora mexicana considerada como una de las máximas exponentes del Siglo de Oro de la literatura española. Se destacó en las obras de teatro, los autos sacramentales y la poesía.

Desde chica mostró una fascinación por las letras. A sus tres años tomó lecciones y aprendió a leer, y a sus siete leyó toda la biblioteca de su abuelo. Luego de la muerte del abuelo, Sor Juana se mudó a la Ciudad de México con su tía materna y entró en la corte del virrey Antonio Sebastián de Toledo. Vivió allí entre los 16 y 20 años, donde era muy respetada por su mente prodigio.

Sor Juana vivió la mayor parte de su vida en conventos, donde creó su obra.Sor Juana vivió la mayor parte de su vida en conventos, donde creó su obra.

Negada a contraer matrimonio, decidió vivir una vida conventual. Estuvo un tiempo en el Carmelitas Descalzas, hasta que lo abandonó poco tiempo después e ingresó a la Orden de las jerónimas. En su tiempo libre se dedicaba a estudiar y escribir.

En 1693, una epidemia arrasó en el convento de San Jerónimo. Inés de la Cruz decidió cuidar a sus hermanas contagiadas por el virus, hasta que enfermó y murió el 17 de abril de ese mismo año.

Los poemas más reflexivos de Sor Juana Inés de la Cruz

1) Amor empieza por desasosiego

«Amor empieza por desasosiego, solicitud, ardores y desvelos; crece con riesgos, lances y recelos; susténtase de llantos y de ruego.

Doctrínanle tibiezas y despego, conserva el ser entre engañosos velos, hasta que con agravios o con celos apaga con sus lágrimas su fuego.

Su principio, su medio y fin es éste: ¿pues por qué, Alcino, sientes el desvío de Celia, que otro tiempo bien te quiso?

¿Qué razón hay de que dolor te cueste? Pues no te engañó amor, Alcino mío, sino que llegó el término preciso».

2) En perseguirme, Mundo, ¿qué interesas?

«En perseguirme, Mundo, ¿qué interesas? ¿En qué te ofendo, cuando sólo intento poner bellezas en mi entendimiento y no mi entendimiento en las bellezas?

Yo no estimo tesoros ni riquezas; y así, siempre me causa más contento poner riquezas en mi pensamiento que no mi pensamiento en las riquezas.

Y no estimo hermosura que, vencida, es despojo civil de las edades, ni riqueza me agrada fementida,

teniendo por mejor, en mis verdades, consumir vanidades de la vida que consumir la vida en vanidades».

3) Hombres necios que acusáis

«Hombres necios que acusáis a la mujer sin razón sin ver que sois la ocasión de lo mismo que culpáis:

si con ansia sin igual solicitáis su desdén ¿por qué queréis que obren bien si las incitáis al mal?

Combatís su resistencia y luego, con gravedad, decís que fue liviandad lo que hizo la diligencia.

Parecer quiere el denuedo de vuestro parecer loco al niño que pone el coco y luego le tiene miedo.

Queréis, con presunción necia, hallar a la que buscáis, para pretendida, Thais, y en la posesión, Lucrecia.

¿Qué humor puede ser más raro que el que, falto de consejo, él mismo empaña el espejo y siente que no esté claro?

Con el favor y el desdén tenéis condición igual, quejándoos, si os tratan mal, burlándoos, si os quieren bien.

Opinión, ninguna gana; pues la que más se recata, si no os admite, es ingrata, y si os admite, es liviana.

Siempre tan necios andáis que, con desigual nivel, a una culpáis por crüel y otra por fácil culpáis.

¿Pues cómo ha de estar templada la que vuestro amor pretende si la que es ingrata, ofende, y la que es fácil, enfada?

Mas, entre el enfado y pena que vuestro gusto refiere, bien haya la que no os quiere y quejáos en hora buena.

Dan vuestras amantes penas a sus libertades alas, y después de hacerlas malas las queréis hallar muy buenas.

¿Cuál mayor culpa ha tenido en una pasión errada: la que cae de rogada, o el que ruega de caído?

¿O cuál es más de culpar, aunque cualquiera mal haga: la que peca por la paga, o el que paga por pecar?

Pues ¿para qué os espantáis de la culpa que tenéis? Queredlas cual las hacéis o hacedlas cual las buscáis.

Dejad de solicitar, y después, con más razón, acusaréis la afición de la que os fuere a rogar.

Bien con muchas armas fundo que lidia vuestra arrogancia, que lidia vuestra arrogancia, juntáis diablo, carne y mundo».

4) Con el dolor de la mortal herida

«Con el dolor de la mortal herida, de un agravio de amor me lamentaba, y por ver si la muerte se llegaba procuraba que fuese más crecida.

Toda en el mal el alma divertida, pena por pena su dolor sumaba, y en cada circunstancia ponderaba que sobraban mil muertes a una vida.

Y cuando, al golpe de uno y otro tiro rendido el corazón, daba penoso señas de dar el último suspiro,

No sé con qué destino prodigioso volví a mi acuerdo y dije: ¿qué me admiro? ¿Quién en amor ha sido más dichoso?»

5) Al ingrato que me deja, busco amante

«Al que ingrato me deja, busco amante; al que amante me sigue, dejo ingrata; constante adoro a quien mi amor maltrata; maltrato a quien mi amor busca constante.

Al que trato de amor, hallo diamante y soy diamante al que de amor me trata; triunfante quiero ver al que me mata y mato a quien me quiere ver triunfante.

Si a este pago, padece mi deseo; si ruego a aquel, mi pundonor enojo: de entrambos modos infeliz me veo.

Pero yo por mejor partido escojo de quien no quiero, ser violento empleo, que de quien no me quiere, vil despojo».



Fuente Oficial

Escrito por admin

Rate it

Comentarios de las entradas (0)

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


0%