Espectáculos

Alfredo Arias, a punto de cumplir 80 y con el trabajo como el secreto de su eterna juventud

todayfebrero 3, 2024 3

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El prestigioso director, actor y regisseur de ópera argentino Alfredo Arias, radicado en Francia hace más de medio siglo, celebrará en marzo ocho décadas de vida. En Buenos Aires estrenará Bela Vamp, un monólogo inspirado en el legendario Bela Lugosi, protagonizado por Marcos Montes.

“El arte nos puede llevar a lo sublime y a lo catastrófico”, afirma sobre el ocaso del protagonista de la emblemática versión cinematográfica de Drácula.

Lejos de pensar en el reposo del guerrero, Alfredo Arias también dará a conocer James Brown usaba ruleros, nueva obra de la dramaturga Yasmina Reza (la autora de Art), en el Complejo Teatral de Buenos Aires. También prepara una exposición con objetos de diseño, para la cual aún no tiene ámbito, e imagina una película que echa luz sobre su huida del hogar paterno.

Entrar a su estudio del barrio de Recoleta, es acceder a un remanso. En la planta baja de un edificio de la calle Juncal, no se percibe la calurosa tarde de verano. El director encontró este espacio con un jardín descuidado al que, con paciencia y tiempo, transformó en su propio paraíso, lleno de plantas con flores que atraen variedad de mariposas y hasta una parra que este año dio frutos por primera vez.

Mientras de forma vital se pierde entre la espesura del pequeño bosque para las tomas fotográficas, ante una broma del cronista que le recuerda una escena de El trueno entre las hojas, la película clásica de Armando Bo, recoge el guante: “Sí, estoy recreando la imagen de la Coca Sarli”, señala pícaro entre risas.

Y así, franco y cordial, rodeado por enormes estanterías donde se acumulan recuerdos, fotos enmarcadas y numerosos textos de teatro prolijamente anillados, será la predisposición para la charla de este gran referente de la cultura que se transformó en uno de los artistas nacionales con mayor repercusión internacional.

En los '70, Alfredo Ariass hizo la versión de "Eva  Perón" de Copi. Causó controversias y hasta fue amenazado. Foto: Juano Tesone

Foto Juano Tesone - FTP CLARIN JUA02198.JPG Z JTesoneEn los ’70, Alfredo Ariass hizo la versión de «Eva Perón» de Copi. Causó controversias y hasta fue amenazado. Foto: Juano Tesone

Foto Juano Tesone – FTP CLARIN JUA02198.JPG Z JTesone

Un artista en el Liceo Militar

Alfredo Arias nació en 1944, creció en Lanús, en el seno de una familia de clase media tirando a humilde. Su papá trabajaba en la fábrica Alpargatas y su mamá se dedicaba a las tareas domésticas y no podían asimilar que el mayor de sus hijos varones quisiera ser artista. Era otra época, donde se juzgaba o discriminaba a la gente que se movía en esos circuitos.

Convencidos de que debía ser ubicado en un contexto más realista, fue compelido a estudiar en el estricto Liceo Militar. “Pienso que mis padres no sabían muy bien qué hacer conmigo porque yo era un niño que reclamaba ser artista, y les parecía como una agresión. Algo totalmente disparatado para gente humilde”, recuerda.

Lejos de anular el deseo, la experiencia que duró cinco largos años consolidó su vocación. “Fue una gran lucha, pero me reafirmó en lo que quería hacer. Recuerdo que en una prueba de orientación vocacional dije que quería ser artista, y al final el profesor dijo: ‘Aquí hay uno que sabe lo que quiere’. Sobreviví diciendo eso y moviendo las manos incorrectamente como Miguel de Molina”, dice con una sonrisa.

“A los 18 años tuve una disputa con mis padres, me harté y me fui definitivamente de mi casa. Caminé desde Lanús hasta plaza San Martín y me desprendí totalmente de mi familia. Una psicoanalista me dijo: ‘Usted no solamente tuvo que irse de su casa, sino poner el océano en medio’”, rememora.

Fue el arquitecto y escenógrafo Juan Stoppani quien le ofreció “asilo político”, como define Arias a esa decisión. Liberado del mandato familiar, su primer paso fue concurrir al taller de cerámica que este hombre tenía.

En marzo, Alfredo Arias cumplirá 80 años. Y tiene actividades que lo hacen sentir muy vital. Foto: Juano TesoneEn marzo, Alfredo Arias cumplirá 80 años. Y tiene actividades que lo hacen sentir muy vital. Foto: Juano Tesone

El mítico Di Tella

Lentamente, creó una red de contención de diferentes personalidades con las que generó lazos que perdurarían durante años y que le permitirían acercarse al mítico Instituto Di Tella.

Ubicado en la calle Florida 936, fue un templo de las vanguardias artísticas porteñas. Pero la Argentina de finales de los ’70 no toleraba mucho al que intentaba expandir los límites del arte ni al que pensaba diferente. Arias intuyó que la sociedad se acercaba rápidamente al precipicio cuando meses antes de abandonar el país, en la esquina del edificio, un policía le dijo que no pasara más por ahí.

En 1969 decidió partir a Francia. Así, aquel muchacho, que cuando tenía 9 años les iba a recitar poemas a los trabajadores del ferrocarril, tuvo que aprender a vivir un exilio en otra lengua e idiosincrasia. A pesar del desarraigo inicial, al año de haber llegado, estrenó Eva Perón, del compatriota Copi, ya afincado en París.

Esa primera experiencia, si bien fue un logro artístico, dejó un sabor amargo. De común acuerdo con el autor, tuvo la ocurrencia de poner al actor Facundo Bo en el rol de Eva. Esto fue tomado como un terrible agravio por un sector del peronismo que catalogó al texto como una especie de panfleto. “Es una de las más infames afrentas a la memoria de la compañera Evita”, señaló un comunicado de la Juventud Peronista.

Alfredo Arias fue distinguido en Francia como Caballero de la Orden de los Artes y las Letras. Hace medio siglo reside allí. Foto: Juano Tesone
Alfredo Arias fue distinguido en Francia como Caballero de la Orden de los Artes y las Letras. Hace medio siglo reside allí. Foto: Juano Tesone

El atentado de los fanáticos no se hizo esperar. Una noche escuchan ruidos extraños en camarines. Abren la puerta y un hombre enmascarado, con una barra de hierro en la mano, avanzó hacia el director con intención de agredirlo. Arias y su intérprete corren a esconderse en un contenedor mientras la policía, alertada por los gritos, logra detener a los alborotadores.

La vida en Europa

Sobre su adaptación al Viejo Mundo, reflexiona: “Pienso que mi identidad argentina es muy fuerte. En los sentimientos más profundos, los franceses se parecen a nosotros, pero la estructura que tienen es totalmente diferente. Por ejemplo, aquí se tiene la impresión que dialogando con una persona se llega a la intimidad bastante rápido. Allí no se llega nunca. En todo caso, en ese momento, Francia podía permitirse incorporar extranjeros y hacerlos convivir con su cultura. Eso nos reclamaban, que trajéramos algo de nuestras raíces”, explica.

Lo concreto es que los galos cayeron a sus pies deslumbrados por su creatividad, terminaron adoptando al virtuoso director escénico y lo distinguieron con el Premio Molière de Honor. Además, lo invitaron a dirigir el Centre Dramatique Nacional d’Aubervilliers y lo nombraron Caballero de la Orden de las Artes y las Letras.

En la ciudad Luz, dirigió Las aves de Aristófanes en la Comédie-Française, La ronda de Arthur Schnitzler en el Théâtre de l’Odéon y La Dama de las camelias con la interpretación de Isabelle Adjani en el teatro Marigny, entre otros numerosos espectáculos.

Además, con Marilú Marini, su actriz fetiche, llevó adelante Las criadas de Jean Genet, Mortadela, La mujer sentada, Nini y Penas de amor de una gata inglesa, todos con gran repercusión de crítica y público.

Cuando se le pregunta si hay diferencias en el método de trabajo con técnicos y actores de uno y otro continente, responde: “No, por suerte. La cuestión es que hay diferentes métodos. Aquí está el peligro del exceso de naturalismo. En Francia sería el acceso al misterio. Lógicamente hay algo en la cultura francesa que es muy retenido, muy formal, en la conducta, en la vida. Es como que el teatro daría un billete para poder explotar, para poder expresarse excesivamente. Entonces hay que modelar desde la dirección para que eso llegue de una forma más amable”, resume.

Alfredo Arias es un personaje central de la cultura francesa. Y Marilú Marini es su actriz fetiche. Foto: Juano Tesone
Alfredo Arias es un personaje central de la cultura francesa. Y Marilú Marini es su actriz fetiche. Foto: Juano Tesone

Marcos Montes, Alejandra Radano y Carlos Casella son intérpretes predilectos para sus trabajos porteños. Le preguntamos, ¿por qué no elige a otros? “Tal vez sea que tengo miedo”, responde con honestidad y aclara: “Como dicen los franceses, me acostumbré a trabajar en un ámbito familiar. Es que si no hay esa familiaridad en la que uno se entiende más allá de la palabra, donde los silencios hablan y se expresan, me resulta complicado crear un lazo”.

Ante semejante trayectoria profesional surge la duda, ¿dirigiría un teatro oficial en su tierra natal?

“Tiene que haber un perfecto acuerdo ideológico con el gobierno. Es decir, ¿qué es lo que quieren hacer con la cultura? Es muy abstracto ser funcionario solamente por el nombramiento, sin que eso tenga una perspectiva en el deseo de construir algo de excelencia. No tiene nada que ver con decir que una institución no funciona y parece más sencillo borrarla del mapa. Hay que corregirla porque las instituciones son indispensables. La cultura es un laboratorio, es un laboratorio del pensamiento global”, reflexiona.

“Si dejáramos todo en manos del privado, tendríamos solamente un aspecto, que está muy bien que se haga, pero en la cultura, subvencionada o sostenida por el estado, es donde se proyecta el futuro. Si no hay plata para pensar en el futuro, bueno, pensemos en el presente y las cosas se van arreglando como se puede. Por ejemplo, mi diálogo con el gobierno francés fue cambiando muchísimo. Porque se pasó de gente que manejaba una ideología a gente que administra. Entonces no es tanto el proyecto que interesa, sino cuánto paga de luz mientras se ensaya, por ejemplo”, afirma.

Sobre el final, una última reflexión sobre la realidad local: “Uno de los grandes problemas es la calidad del diálogo y, justamente, no olvidarse del pasado. Me parece que eso nos dificulta tener una visión clara de nuestra historia. No tomaría por el momento ningún tipo de visión negativa, porque necesitamos tener una positiva, pero avanzaría con mucha cautela. Se ha vuelto extremadamente violento el vivir cotidiano cuando uno tiene que sacar del bolsillo más billetes de los que esperaba”, concluye con la mirada inteligente de alguien que no baja los brazos.



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