Política

resiliencia o cómo integrar casi todos los gobiernos en las últimas dos décadas

todayenero 31, 2024 1

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Algunos podrían definirlo como “resiliencia”, o una fuerza de voluntad para afrontar todas las adversidades, desde el más fuerte padecimiento físico hasta las peores afrentas políticas. En ese ámbito podrá acumular los detractores y aquellos que no le perdonan una.

Por ejemplo, su “plasticidad” que le permite saltar desde una precandidatura presidencial por el peronismo (hasta horas antes de la proclamación de la fórmula Massa-Rossi) a un puesto en el gabinete de Javier Milei.

Un Scioli auténtico. De diputado de Carlos Menem a funcionario de los gobiernos de Adolfo Rodríguez Saá, Eduardo Duhalde, Néstor Kirchner, Cristina Kirchner, Alberto Fernández y ahora Milei.

Construyó su carrera bajo el aura de Menem, quien estimuló su ingreso a la política llegando a ser diputado nacional. Pero no dudó en enfrentar al “Turco” cuando varias fórmulas peronistas competían en las tumultuosas elecciones del 2003, como compañero de fórmula de Kirchner.

La otra “cualidad” duramente cuestionada es la sumisión que lo ha llevado a someterse al maltrato del matrimonio Kirchner. Como cuando -en una de las tantas veces- en la trágica inundación de La Plata de abril de 2013, que provocó 89 muertes, siendo gobernador y durante la visita de una enfurecida Cristina Kirchner, un funcionario abrió la puerta equivocada y vio como la entonces Presidenta insultaba a los gritos a un Scioli que solo atinaba a bajar su cabeza mirando hacia el piso.

Otros tiempos. Scioli con Néstor y Cristina Kirchner, además de Tinelli.Otros tiempos. Scioli con Néstor y Cristina Kirchner, además de Tinelli.

Hijo de un empresario de electrodomésticos, que también tenía intereses en la Televisión (Canal 9), Daniel Osvaldo Scioli llegó primero a los medios a través de su campaña en las competiciones de motonáutica, que arrancaron en algunas fórmulas internacionales poco conocidas hasta desembocar en el Superboat, en Estados Unidos. Pero también allí sufrió el accidente en el Delta con la pérdida de un brazo, que le marcaría por el resto de su vida. Y pese a ello, a los pocos meses insistió en seguir compitiendo. Su salto a la política se dio en simultáneo a la convocatoria que Menem hizo para sumar nombres populares “extra”, cuyos casos emblemáticos fueron los de Carlos Reutemann y Palito Ortega, luego gobernadores de Santa Fe y Tucumán, respectivamente.

En el traumático diciembre de 2001, y en aquellas noches que se sucedieron cinco presidentes, Scioli produjo otro hecho relevante: acompañó a Adolfo Rodríguez Saa, casi hasta el final de su efímera gestión, mientras el resto de la dirigencia peronista (y los gobernadores) lo dejaban en el aislamiento. Y en la renuncia. Y al asumir Eduardo Duhalde, pocos días más tarde, Scioli se mantenía: secretaría de Turismo, una de sus áreas favoritas y que, paradójicamente, vuelve a estar ahora en sus manos.

Su ambición en aquel momento era la jefatura del Gobierno porteño. Se había establecido en el peronismo local para el cual, desde hace tiempo, la Capital es territorio inexpugnable. Pero cuando parecía encaminado a pelear ese sitio, el incipiente kirchnerismo le dio la candidatura a vice de Néstor, buscando un manto de “popularidad” que el casi desconocido gobernador santacruceño añoraba. Desde el mismo kirchnerismo, que nunca terminó por aceptarlo por su imagen vinculada al jet set, los medios y la farándula, admitieron que la presencia de Scioli les garantizó un porcentaje que desequilibraba una elección muy peleada en primera vuelta (ya no hubo balotaje, Menem desistió).

Con Duhalde. Scioli también fue funcionario del lomense. Con Duhalde. Scioli también fue funcionario del lomense.

Pero su aventura como vice duró poco: apenas insinuó algunas actitudes o frases “pro mercado”, Kirchner le quitó todo poder, echó a sus funcionarios y lo relegó a un puesto formal como titular del Senado. Pese a todo, Scioli resistió y su nueva oportunidad llegaría más adelante, cuando el kirchnerismo -ahora detrás de la candidatura de Cristina- lo ungió como su candidato a la gobernación, donde estuvo en dos períodos.

Se le recuerda una gestión chata, limitada a la administración, aunque se vio beneficiado porque los focos de la corrupción y la inflación se concentraron en el gobierno de los Kirchner. Y utilizó la estrategia de la victimización para capitalizar políticamente el maltrato de Néstor y Cristina. Igualmente pasó momentos duros que no supo gestionar con acierto la inseguridad creciente, el trágico accidente en una ruta que se develó con semanas de retraso, las inundaciones en La Plata donde nunca se difundieron las cifras reales o la pobreza estructural en la provincia. Sus colaboradores siempre decían, “estamos de paso en la Provincia, queremos ir a la Nación”.

Estuvo a dos puntos de ser presidente en el 2015, pero el desgaste del kirchnerismo sumado a la creencia de que nunca se independizaría de Cristina Kirchner sino que seguiría siendo su jefa, lo causó una derrota de la que nunca se recuperó.



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